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Henning Mankell, el chino que quiso ser

Me la pasó un amigo y quería que me gustara. Pero la idea de que Henning Mankell, con su novela El chino, me estaba llevando al huerto ha ido tomando fuerza a medida que avanzaba en la lectura. (A su favor, que la he acabado.) Efectivamente, te prometen un thriller apasionante si lees la contra (y no te digo nada si lees la faja que lleva el volumen) y poco a poco te van endosando un pseudo ensayo novelado sobre la actual situación sociopolítica de China, en clave nostálgica. Nada contra los pseudo ensayos, pero que se avise.

¿El autor siente haber traicionado algunas ideas y quiere redimirse, quiere estar en paz con su conciencia y va y escribe esta novela?

La novela tiene tres partes bien diferenciadas. En la primera, que coincide con la primera del índice, se presenta el crimen y se siguen las pesquisas de la jueza metida a investigadora. Nada que objetar. (Ni siquiera que vaya descubriendo el meollo del asunto como el que no quiere la cosa.) Lo único, los personajes, que resultan bastante falsos, en especial los protagonistas, a los que les sobra carga biográfica. ¿Qué aportan a la trama los problemas matrimoniales de la jueza? Nada. Por otra parte, un personaje al que se le podría haber sacado algo de punta, el periodista toca pelotas, queda tan olvidado, tan diluido, que finalmente hubiera sido mejor tacharlo en una primera o segunda corrección, pues resulta del todo prescindible.

La segunda parte, que coincide con la segunda del índice, es una novela dentro de la novela, una novela corta que narra las peripecias de tres hermanos que se ven forzados a emigrar a los Estados Unidos a finales del siglo XIX a trabajar en la construcción del ferrocarril. Ahí, sí, el autor construye unos personajes creíbles, consistentes (¿quizá porque se sentía obligado a ser conciso?), unos personajes que se van elaborando según el modelo que describe la tercera ley de la mecánica clásica de Newton, esto es, el principio de la acción y la reacción. Esta segunda (páginas 115 a 207 en la edición de Tusquets) es una novela corta muy recomendable. Prescindible para el conjunto, pero muy recomendable por sí sola.

En ella se pretende justificar la actuación del malo, pero en modo alguno se consigue. Que el malo se comporte como lo hace se explica porque a) es el malo y b) porque es un psicópata asesino. B) está contenido en a), pero si lo hago explicito es para llamar la atención en el hecho de que hubieran bastado unas pocas pinceladas biográficas, verlo actuar, unas pocas líneas, para describir a ese personaje como un psicópata que actúa movido por la venganza. (Otra cuestión es si un psicópata actúa por venganza o por gusto). También ha quedado dicho, ya, que esta novela, en el reparto de papeles, se rige por la primera ley del best seller, a saber, los personajes se dividirán en buenos y malos (buenos buenísimos y malos malísimos, sin posibilidad de malos entendidos, evoluciones o dudas), luego estamos ante un texto que puede englobarse en ese género, lo que, a priori, no la hace ni mejor ni peor. En particular éste encierra cierta calidad literaria. (Con sus defectos de construcción.)

Repito, las casi 90 páginas de la segunda parte están muy bien pero podrían perfectamente no estar, y siguo.

Llegados al final de la novela corta tenemos que ya sabemos cuál ha sido la motivación del asesino y también sabemos, si bien no con nombre y apellidos (bueno, con apellidos sí), quién es. ¿Como se lo va a montar Mankell para mantener el interés desde aquí hasta el final? Estamos a mitad de la novela. Si lo consigue me quito el sombrero. No lo consigue. No para mi gusto, y acabo la lectura con la gorra puesta.

La tercera parte de la novela (partes tres y cuatro según el índice) es la que constituye propiamente el pseudo ensayo, que pretende alumbrar la siguiente idea: China avanza a pasos agigantados hacia un capitalismo de corte imperialista o, lo que es lo mismo, fin de la lucha de clases, ergo, la población quedará manifiesta e irremisiblemente dividida en ricos (que ostentan el poder) y pobres. Todo ello adobado con los recuerdos nostálgicos de la jueza y su pasado rojo militante. (No sé si a otros lectores les habrá ocurrido, pero a mí la jueza se me representa en muchos momentos como un trasunto del propio Mankell, lo que me molesta, pues me saca de la ficción para interrogarme sobre la biografía del autor, que no digo que no pueda ser interesante, pero cada cosa en su momento.)

(Le sugiero al autor que se plantee hacer un reportaje sobre la actual situación de China y que lo publique en los suplementos dominicales. Yo seré el primer lector interesado. Que tenga buenas fotos. Fotos que muestren los contrastes. Fotos de ejecutivos en sus despachos, en blanco y negro muy contrastado y de los trabajadores en las fábricas y en los campos, en color muy saturado. Yo me ofrezco de fotógrafo.)

Y después del pseudo ensayo (¿realmente China se plantea colonizar África?) llega el desenlace. Que es flojo.

Escrito por Juan Negro. Publicado el 26 de febrero de 2009 en Libros. Etiquetas , , , . 3 comentarios. Síguelos en RSS.

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3 comentarios
  1. cristina ha publicado el siguiente comentario:

    te he encontrado desde el blog de papel en blaco, el post sobre los más vendidos.
    he estado echandole un vistazo a tu blog y estoy impresionada. no solo por tus reseñas de libros si no por tus servicios de creación literaría…daría cualquier cosa por poder hacer algo parecido, aunque sólo fuera escribir mis propias novelas.
    en fin, que si no te importa te linko en mi blog y que espero que te pases por allí.
    un saludo

  2. cristina ha publicado el siguiente comentario:

    he escrito mal el link del blog en el comentario anterior.
    http://www.fwithbenefitliteratura.blogspot.com

  3. Juan Negro ha publicado el siguiente comentario:

    Gracias Cristina. No creo que sea para tanto, pero se agradece el entusiasmo. Felicidades por tu blog, le he pegado ya un repaso.

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