
Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro
Hace unos días inauguraron en Barcelona la plaza de Vázquez Montalbán. Fue en el marco de BCNegra. No pude ir por hallarme de viaje, pero me hubiera gustado. Ayer domingo finalmente tuve oportunidad de, dando un paseo, acercarme a la plaza. Cogí mi Olympus E 3 para hacer mis primeras fotos de exterior. Salí a Portaferrissa, y desde ahí a las ramblas. Compré los periódicos en el kiosco de siempre y bajé un trecho hasta el Carrer de Sant Pau, que es por donde me gusta adentrarme en el Raval. Imagino a Pepe Carvalho transitando por esa calle en más de una ocasión. El Marsella naturalmente estaba cerrado. Pero en el Carrer d’en Robador (bocacalle de Sant Pau) ya había mujeres trabajando. Las hay de día y de noche. Probablemente sea la calle de putas más antigua de Barcelona, y también puedes encontrar a las decanas. A mitad de Sant Pau, se abre ahora la rambla del Raval. A mi todavía se me hace raro ver ese bulevar. Ahí, en una de las callejuelas que ocupaban ese espacio, estaba, cuando yo vine a vivir a Barcelona, la sala de conciertos Necronomicon. (Muy cerca de ahí compraba el hachís, justo al lado de un cuartel de la guardia civil.) Subiendo el nuevo paseo, a mano derecha, tenemos la nueva plaza de Vázquez Montalbán.

Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro
Es fea. Es fea o cuando menos no tiene nada que ver con lo que a priori uno esperaría de una plaza dedicada al escritor del Raval en el Raval. De hecho no es una plaza sino una especie de entrante de la rambla. Donde un día hubo edificios ahora está el espacio que preside el hotel Barceló. Los edificios circundantes también son nuevos, y de un estilo anodino que te hace pensar que lo mismo que los han plantado ahí los podrían haber colocado, qué se yo, en el Guinardó. A pesar de todo, detrás de esos edificios blancos, siguen estando las putas centenarias. (¿Durante cuanto tiempo?) Ni rastro de la cafetería que hubiera querido encontrar (cafetería o bar de copas por la noche, de desayunos por la mañana y donde ir a tomar una cervecita tranquilo por la tarde acompañada de la relectura de alguna de las novelas de Vázquez Montalbán) y me tuve que acomodar en la terraza de la cafetería del hotel. Como que ya eran más de las doce me pedí unas olivas rellenas, unos boquerones en vinagre y una cerveza. Pero no tenían boquerones y hube de conformarme con las olivas y unas patatas fritas de bolsa. Lo peor de todo es que en los bajos vacíos del edificio blanco y anodino, cuyas cristaleras sirven ahora de expositor de fotos con leyenda del escritor, proyectan poner una sede de la Seguridad Social. Seguro que el escritor fue un contribuyente ejemplar y que asistió con su esfuerzo a la jubilación de todos, pero de ahí a poner una sede de la SS SS en su plaza va un trecho. En fin.

Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro
A Vázquez Montalbán comencé a leerlo a los 14 años. Puedo fechar con precisión el acontecimiento porque recuerdo sin posibilidad de error que una de las suyas fue la primera novela que leí en la recepción de la pensión de mi tía, donde comencé a trabajar de noche. Leí un buen número de las novelas de Pepe Carvalho (no sabría precisar cuántas) hasta que poco a poco fui espaciándolas porque otros fueron reclamando mi atención y mi interés. En cualquier caso, y paradójicamente, la novela de Vázquez Montalbán que más influyó en mi ulterior interés por la investigación privada, no es ninguna de las de la serie del detective sino la que lleva por título Los alegres muchachos de Atzavara, un relato social o costumbrista, que, más que por la historia en sí, historia que recuerdo con agrado, llamó mi atención por los recursos técnicos que en ella utiliza el autor. Ahí (tendría yo 18 o 19 años) empecé a comprender la importancia del buen uso del tiempo y la perspectiva. (Esa lección podría habérmela impartido cualquier otro, pero el encuentro con ese libro quiso que fuera Vázquez Montalbán el maestro.) Después, hasta hace unos años, no volví a encontrarme con Pepe Carvalho, fue en su despedida, cuando el entonces editor de Planeta, Emilio Rosales, quiso mi opinión del último manuscrito del escritor y su detective.
Escrito por Juan Negro. Publicado el 24 de febrero de 2009 en Miscelánea. Etiquetas BCNegra, biográfico, Emilio Rosales, olympus, Raval, Vázquez Montalbán. 4 comentarios. Síguelos en RSS.
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4 comentarios
la pregunta es
¿cuáles son los horarios del marsella?
Siempre que voy está cerrado. Y el london como que no, la última vez que fui me pusieron dirty dancing y había dos o tres abuelas en la barra. El raval está cambiando mucho. Yo viví allí un tiempo y me siento como en la obligación de decirte que te dejes de patatas de bolsa y aceitunas (a cei tu nas), vete a por el bocata de tortilla de calabacín de la rambla del raval, en la esquina que te lleva al marsella. Y luego ya te pones a leer a montalbán si quieres, pero prioriza, prioriza.
Gracias por el consejo anita. Iré a probar esa tortilla de calabacín. Con lo de mis aperitivos no te preocupes, aunque pida olivas, acabo comiendo eceitunas. El Marsella de noche. Cada vez más un lugar para turistas. El London un lustro que no voy. El Raval cambia como cambia todo, pero sigue siendo el Raval.
Un saludo
Aquí un enamorado de Vázquez Montalbán y especialmente de Pepe Carvalho. Yo también quise estar en la inaguracion de la plaza, pero no pudo ser.
Espero ir pronto a Barcelona y poder pasar por ese mágico barrio del Raval, que desde que hay una plaza con el nombre de un grandísimo escritor es más mágico todavía.
Un abrazo!
Serás bien recibido, Toni