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Novelas malas que no deberían leerse jamás (I) El destino

El tema podría dar juego en manos de un escritor. Mujer madura, acomodada, o mejor, aburguesada, que decide dejar de vivir en esa displicencia y apostar por un amor de juventud. Pero no hay ninguna pericia literaria en el autor. La novela es la repetición sin variaciones de una misma escena. Es mala, aburre.

Después de treinta y cuatro años sin haberse visto, la narradora, Maite, se encuentra con un viejo novio, Alberto. Tras una conversación amable y al uso, deciden volver a verse para recordar, sin prisas, los viejos tiempos.

Tiene lugar la cita. Maite es una mujer entrada en la cincuentena, de profundas convicciones religiosas, madre de familia y esposa fiel y realizada, o al menos eso es lo que ella se cree. Vive en una ciudad pequeña, de provincias. Alberto sigue manteniendo el mismo aire de galán seductor que le recuerda de joven y le da por imaginarle un sinnúmero de aventuras extra-conyugales.

En Maite renace un sentimiento muy especial por su antiguo novio, y le propone mantener una relación especial. No le está hablando de dejar a sus respectivas parejas, ni tampoco de intercambios sexuales más o menos espaciados, no, no, no es eso, sino de algo mucho más elevado, como más espiritual, una especie de isla privada dentro de su espacio cotidiano. (Más burdamente: café descafeinado, tabaco light, cerveza sin alcohol, ser infieles pero sin follar.) Sin embargo, Alberto no acepta la propuesta de Maite. (No porque él sí quiera follar sino porque es mucho más mojigato que ella.)

Se suceden los encuentros, más o menos fortuitos, más o menos propiciados por Maite, a lo largo de los años (sí, sí, de los años), y se reproduce la misma escena: Ella propone, él rechaza. A él le tiene atado en corto su mujer, dice, y le preocupa mucho la idea de que la madre de sus hijos se entere de algo. (Vamos, que no es que no le apetezca, sino que no quiere problemas.)

La narradora entre cita y cita, nos cuela su biografía, a modo de entreactos. (La muerte de su madre, la muerte de su mejor amiga, la muerte de su perro y hasta de un vecino, recuerdos de un novio anterior a Alberto, escenas de la vida familiar; en fin, para echarse a llorar.)

Pero Maite no se da por vencida, cada vez está más enganchada de la idea del romance, y, finalmente, consigue que Alberto venza su resistencia y se entregue al amor verdadero. Sí, sí, triunfo del amor. Deciden huir lejos de todo y de todos.

El tema es malo, pero un escritor con tablas podría haber sacado una novela pasable y hasta potable, al menos para los lectores a los que les va el royo. De hecho, las hay, buenas, en nuestra literatura con tema idéntico o parecido. Mujer madura, acomodada, etcétera, que se pregunta y ahora qué.

La elaboración de ese conflicto, con sus ramificaciones éticas, podría, repito, dar juego en manos de un escritor. El problema es que el autor aquí reseñado no lo es. Se ve a las claras que le falta mucho camino por recorrer para llegar a ser un novelista. Tiene algo, y es que escribe, vamos, que ha sido capaz de llenar casi trescientas páginas. El mérito está ahí. Pero en la escuela de escritores a la que pudiera haber asistido tendrían que habérselo quitado de la cabeza, o algún amigo, o algún editor con criterio.

La novela es un chicle (no cliché, que también) estirado, la repetición sin variaciones (qué cansino, qué tedioso) de una misma escena: el encuentro fortuito de los dos protagonistas, la recurrente propuesta de Maite y la iterada negativa de Alberto. Nada más. Los personajes no resultan creíbles, no se ha sabido construirlos.

Total que algo tan cotidiano como lo que se cuenta en esta novela resulta de lo más inverosímil. Justamente lo contrario de lo que ha de ser la literatura. Hacer pasar por verosímil lo que no necesariamente ha de ser cierto o verdadero.

Escrito por Juan Negro. Publicado el 8 de noviembre de 2010 en Libros, Novelas malas. Etiquetas , . 6 comentarios. Síguelos en RSS.

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6 comentarios
  1. El Pobrecito Hablador del Siglo XXI ha publicado el siguiente comentario:

    Oye, pues escrito por ti resulta de lo más entretenido, querido Negro. Casi me gustaría saber cómo acaba. Además, como bien dices, hace lo más difícil, que nadie se crea algo cotidiano, habitual. La cosa tiene su mérito, si señor: a más de uno/a le gustaría tener esa cualidad para explicar ante sus ‘respectivos/as’ , escarceos o canitas al aire: “cariño, no es lo que parece” es mucho menos convincente y está manidito. ¡Que patente la fórmula!

    ¿Un poco vaticana la actitud de los dos personajes, no?

    ¡salud!

  2. Carlos ha publicado el siguiente comentario:

    Buenas Juan, paso por aquí por recomendación del Pobrecito Hablador y me rindo a tu ingenio y diversión bien trabajada. He estado sobrevolando tus entradas y me he divertido como un chino de Mankell. Verdaderas historias son tus investigaciones y análisis mecanografiadas y listas para el archivo. Seguiremos atentos Juan Negro. Un saludo.

  3. Francisco Palacios ha publicado el siguiente comentario:

    Hola Juan…enhórabuena por tu blog. Le he estado echando un vistazo y parece de lo más interesante…Te seguiré de cerca.

    ¡Un abrazo!

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