Yo el abecedario me lo aprendí de carrerilla. Y todavía me lo sé así, de carrerilla. Quiero decir que podría hallarme en cierta dificultad si alguien me preguntara qué posición ocupa tal letra, qué letras la flanquean, si no recurro a la treta de recitarme mentalmente cuando menos un segmento de la serie. Por ejemplo, para saber en qué posición se halla la “q” -que ya puestos, bien podría cambiársele el nombre a esa letra y llamarla “Ke”, pues la “u”, a su lado, debería enmudecer-, para saber en que posición se haya la “q”, digo, debo remontarme a la “o” y recitarme un breve “opecuerre” para saber que precede a la “r” y sigue a la “p”.
Decía que me lo aprendí de carrerilla y recuerdo que se vivía cierta tensión en el aula cuando el hijo de puta del maestro de turno pedía que lo recitáramos. (Yo fui a un colegio de curas, en Teruel, y hasta que se murió Franco todos los profes que tuve fueron unos verdaderos hijos de puta; y quizá siguieron siéndolo después, pero como mínimo dejaron de ahostiarnos.) Y en mi caso, hasta que llegaba a la “w” no conseguía relajarme. Pues llegar a la “w” sin tropiezos (y sin haber por tanto recibido un capón con los nudillos o con el manojo de llaves) era garantía de éxito, ya que con el segmento “equisygriegayzeta” era imposible equivocarse. (Está demostrado que se memoriza mejor el inicio y el final de una serie dada.)
No sé si todavía en las escuelas los niños siguen aprendiéndose el abecedario de memoria (me consta que las teorías pedagógicas están en perpetuo desarrollo), pero, si así fuera, propongo algunos cambios en el orden de las letras y en el nombre de una de ellas en particular.
Propongo que la “w” deje de llamarse “uvedoble” y pase a llamarse “güi” (por ser, de las que llevan esa letra, “whisky” de las más usadas y por ser ése su sonido en el referido vocablo). Propongo también que la así llamada “gui” ocupe el primer puesto del abecedario. Quedará un poco afrancesado, pero es un modo de contestar afirmativamente y empezar a recitarlo -en ajedrez a eso se le llama ganar un tiempo- cuando un profesor se lo demande a un alumno. Y propongo finalmente que las vocales se agrupen al final de la seria abrazando a la rebautizada “igriega”, quedando el segmento final como sigue: “i-o-u-ye-e-a”.
De este modo, el alumno podrá convertir el final de su recitación en un grito de júbilo.
Escrito por Juan Negro. Publicado el 12 de noviembre de 2010 en Miscelánea. Etiquetas Real Academia. 5 comentarios. Síguelos en RSS.
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5 comentarios
Negro, he vuelto a visitar tu blog y me he dedicado a curiosear. Este artículo me ha hecho bastante gracia, y al releer el penúltimo párrafo creo que he pillado lo del Oh Yeah! Es ingenioso.
Por cierto, tu historia tiene un paralelismo curioso con la de Jonathan de Bored to Death, de HBO. No se si conoces la serie, pero está bastante bien. Describe las peripecias de un escritor convertido en investigador privado al estilo del género negro de Raymond Chadler. Volveré, supongo.
Gracias por tu visita y por tu comentario. No conocía Bored to Death, pero por lo que dices parece interesante. Será cuestión de echarle un vistazo.
Acepto tu propuesta de convertir la W en “¨güi”, pues esta letra anda un poco descolocada en nuestro alfabeto y le hace honor a la palabra sugerida (borrachera de uves).
A mi me encanta la “Y” (ye según los cánones actuales) porque es una letra que va a su aire, marginada por su supuesto individualismo (yo), aunque más divertida de lo que se piensa (yoyó). Además es la letra que ayuda a hermanar a todas las palabras.
Enhorabuena por un escrito divertido y jugoso. Un abrazo.
Comparto tu gusto por la y griega. A mí que fuera griega ya me gustaba. Sonaba muy sugerente. Ahora la hacen ye, pero para mí seguirá siendo la de siempre.
A mi me lo enseñaron igual, y con musiquita, y alguna hostia cayó, sí.
La Y es una letra simpática. Se parece a una horquilla de zahorí, a la linea que separa las piernas de una mujer y que limita con el triángulo velludo y hermoso que camufla su sexo; a unas manos alzadas con entusiasmo; a un cruce de caminos, al tirachinas con el que jugaba cuando era chico…
¡Salud, ou yeah! y viva la ygriega