Con lo del tabaco, pues parece que es un tema que despierta gran interés.
¿Alguien se acuerda de cuando se podía fumar en clase? Yo recuerdo al filósofo barcelones Miguel Morey como si fuera hoy entrando en el aula con su paquete de Camel sin boquilla y… venga, a empezar a fumar (de hecho me acuerdo mucho mejor de su imagen fumando que de lo que decía) uno detrás de otro hasta que pasaba la hora (que eran tres cuartos si llegaba). Por supuesto entre frase filosófico-antropológica y frase filosófico-antropológica calada va calaba viene y, ya sí, todo el mundo se animaba y a fumar con nuestras caras de superinterés echando el humo en el cogote del de delante. Después nos íbamos al bar, y allí seguíamos fumando, superinteresados con lo que habíamos oído o quizá escuchado. Y lo curioso es que a nadie le sorprendía y nadie se escandalizaba. ¿Eramos unos trogloditas o simplemente eran otros tiempos? ¿Qué pasa ahora en las facultades? Debe de ser todo tan aséptico…
¿Dónde queda en ámbito de lo privado? ¿Va ser cada vez más difuso y la clase política se va a sentir cada vez con mayor derecho para legislarlo? Sinceramente lo del tabaco me parece anecdótico, pero preocupante. Cuando se inclina un plano que permanecía horizontal lo que quiera que haya encima puede mantenerse en su posición, sí, pero si seguimos inclinándolo, antes o después, comenzara a rodar, o deslizarse, y se caerá al suelo y, si era frágil, se romperá.
Así las cosas, llegará el día en que habrá una ley que, quizá amparándose en cualquier tipo de argumentación científico-peregrina, nos obligue a tirar de la cadena del water después de haber hecho lo que cada cual va a hacer al water. Que conste que me parece muy razonable tirar de la cadena, pero…
¿No existen otras maneras de armonizar intereses? ¿Es que acaso ya no creen los gobiernos en la pedagogía? ¿Acaso día a día perdemos nuestra condición de ciudadanos adultos y nos convertimos en ciudadanos niños?
Escrito por Juan Negro. Publicado el 12 de enero de 2011 en Filósofos, Miscelánea. Etiquetas Tabaco. 5 comentarios. Síguelos en RSS.
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5 comentarios
Como siempre, muy bien dicho (o escrito).
Desde mi punto de vista, considero que la casta política en general se está desviando de su verdadero cometido: trabajar para el ciudadano.
¿Qué es trabajar para el ciudadano? Pues cubrir todas las necesidades en una escala ascendente que vaya de la mínima a la máxima. Buen ejemplo de estas necesidades sería la famosa pirámide de Marslow.
¿Qué ocurre cuándo, quien lleva el timón, no sabe hacer su trabajo? Que gasta los recursos que han salido del propio pueblo en forma de impuestos en legislar aspectos accesorios de la sociedad, demandados por una mínima parte, sin considerar las repercusiones que puede tener para el resto.
Desde mi punto de vista, esta ley puede que fuera necesaria, pero no en el contexto socio económico actual. Si el único motor rentable de la economía se te gripa, el país se te va dar una ostia del copón. No se puede cortar las alas a los hosteleros de esta forma. Peligran muchos puestos de trabajo. Ante todo, hay que crear una economía estable, con varios sectores que la impulsen, y disminuír el alarmante empleo de nuestro país. Después, se pueden imponer leyes como la que tratas en el artículo, pero consensuando con todas las partes. ¿Por qué el hostelero que no tenga asalariados no puede decidir si en su bar se fuma o no? ¿Por qué el hostelero que tenga capacidad suficiente en su local de dividirlo en dos partes (o que lo haya hecho en virtud de la ley 2006) no puede permitir que fumen en una de las divisiones? Y si un trabajador no quiere entrar en esa “zona nociva”, que se convierta en una especie de autoservicio para el fumador.
No, aquí lo suyo es imponer, así los borregos como nosotros los ciudadanos españoles no hablamos de cosas más importantes. De paso, arañamos un par de votos.
Lo dice un NO fumador, que conste.
¡Un abrazo, Juan!
Hola Francisco,
Oye, gracias por compartir tus reflexiones en este blog que también es el tuyo. Comparto punto por punto lo que dices.
Un abrazo
Quise decir desempleo ;D
yo me acuerdo de un profesor que le pegaba una calada al pitillo y el humo lo soltaba después de la explicación, yo me quedaba pillado pensando que el humo no volvería y al acabar de hablar: buuuffffffffff (por cierto aún vive, Hipolito se llama) Y cuando entrabas en bancos y entidades públicas, aquello parecía un hamman pero de nicotina y alquitrán. lo que falla es la educación y esto influye en todos los factores de la vida, porque incluso para fumar hace falta un mínimo de coherencia y educación. me alegro de que te apuntaras a la cruzada, se iba a quedar solo el Reig. saludos.
Ahora que lo dices, esa imagen del humo que parecía que nunca tuviera que volver a salir también la tenía yo en algún rincón de la memoria y ahora que lo comentas tú me ha vuelto diáfana. Pero asociada más a la niñez.
La verdad es que no se entiende tanto cabreo con Rafael Reig porque defienda su derecho a fumar bajo techo (público), aunque tenga que estar ese techo señalado con todas las advertencias de peligro que se quieran figurar.
Lo deseable sería que cada uno pudiera ir y estar donde le diera la gana haciendo lo que le pareciera en compañía de quien quisiera.
Gracias por pasarte por mi blog y dejar el comentario.
Un saludo