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	<title>Juan Negro, Investigador Privado &#187; Miscelánea</title>
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	<description>Quién es, Servicios y Algunas Cosas Más</description>
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		<title>El tipo de la tumba de al lado. Comentario</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Feb 2012 11:01:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Molero]]></category>
		<category><![CDATA[Maribel Verdú]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Desde la fila 17 del teatro Goya asistí ayer noche a la representación de <em>El tipo de la tumba de al lado.</em> El tipo en cuestión se llama Pablo y está vivo. Quiero decir que no mora -ni vive- en ninguna tumba  y lo que ocurre es que visita con frecuencia a su difunta madre. Al tal Pablo lo interpreta el actor Antonio Molero. Es el tipo de la tumba de al lado para Laura, que a su vez es una asidua del cementerio y está interpretada por la actriz Maribel Verdú, a quien no veía desde <em>La ultima partida</em> (película que puede leerse en este mismo sitio, <a href="http://http://www.juannegro.es/2010/10/la-ultima-partida/">aquí</a>) y la encontré mucho más madura -en sentido actoral- con su capacidad intacta para la tragedia, con ese vis cómico que la ha acompañado durante toda su carrera (actriz camaleónica), y sexualmente tan deseable como siempre [...]</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.juannegro.es/2012/02/el-tipo-de-la-tumba-de-al-lado-comentario/el_tipo_de_la_tumba_de_al_lado/" rel="attachment wp-att-535"><img src="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/el_tipo_de_la_tumba_de_al_lado.jpg" alt="El tipo de la tumba de al lado" title="el_tipo_de_la_tumba_de_al_lado" width="240" height="366" class="size-full wp-image-535" /></a></p>
<p>Desde la fila 17 del teatro Goya asistí ayer noche a la representación de <em>El tipo de la tumba de al lado.</em> El tipo en cuestión se llama Pablo y está vivo. Quiero decir que no mora -ni vive- en ninguna tumba  y lo que ocurre es que visita con frecuencia a su difunta madre. Al tal Pablo lo interpreta el actor Antonio Molero. Es el tipo de la tumba de al lado para Laura, que a su vez es una asidua del cementerio y está interpretada por la actriz Maribel Verdú, a quien no veía desde <em>La ultima partida</em> (película que puede leerse en este mismo sitio, <a href="http://www.juannegro.es/2010/10/la-ultima-partida/">aquí</a>) y la encontré mucho más madura -en sentido actoral- con su capacidad intacta para la tragedia, con ese vis cómico que la ha acompañado durante toda su carrera (actriz camaleónica), y sexualmente tan deseable como siempre, cosa que acaba apreciando perfectamente su compañero de cementerio, el referido Pablo, y que pone, en cierto modo, en marcha todo el asunto. Podría incluso usarse en este comentario la frase &#8220;El deseo como leitmotiv&#8221;, pero sería un tanto erróneo o engañoso, pues lo que mueve verdaderamente a los personajes, lo que está presente todo el tiempo, es el deseo trágico de comunicarse. (Trágico porque está abocado al fracaso, porque los dos lo saben, y es su encuentro la lucha infructuosa de burlar ese destino.) La obra, por cierto, podría haberse titulado perfectamente <em>La tipa de la tumba de al lado,</em> pues desde el punto de vista de lo que podríamos llamar la estructura narrativa nos hallamos ante una simetría, un tête à tête, dos discursos en primera persona (monólogos) que se alternan sin interacturar, sin calar el uno en el otro, sin que se de la posibilidad de modificar mediante la palabra al otro que se tiene enfrente. Interactúan, sí, los personajes, pero no a través del discurso, no discursivamente, sino de modo enteramente animal.</p>
<p class="prili">El escenario -único- es un cementerio. Nada tétrico; al contrario, un lugar casi idílico. Pero no por lo que pueda tener de idílico un cementerio cuando pensamos en un cementerio al uso (aquello de la paz y el sosiego, la tranquilidad, el reposo, etcétera) sino porque a ojos vista es un lugar literalmente agradable, un lugar que invita al optimismo, un lugar que elegiría cualquiera como pista de despegue desde donde emprender un viaje con la mochila cargada de ilusiones.</p>
<p class="prili">Sin bien el cementerio es una metáfora, no mero decorado, que funciona como el elemento narrativo que posibilita la comprensión cabal de los personajes, pero no porque de pie a introducir elementos de orden biográfico -no porque a Pablo se le haya muerto la madre y se halle un tanto desamparado o porque a Laura se le haya muerto el marido en un momento nada apropiado, cuando su organismo más le pide la cercanía de un varón- sino porque el cementerio es el lugar por antonomasia en el que sus habitantes están imposibilitados para cualquier tipo de comunicación, para cualquier forma de contacto. Y el cementerio es, por tanto, metáfora del mundo que habitamos todos y cada uno de nosotros y en el que se hallan presos Pablo y Laura, y del que nos esforzamos por escapar.</p>
<p class="prili">La representación comienza con una demanda desesperada. Laura le pide a Antonio un hijo. Desde aquí la obra es un flash-back que sitúa a los personajes en el origen, desde donde se despliegan y dan cuenta de su propio <em>pathos</em> (sus anhelos, su dolor, sus sueños, sus necesidades, su lucha). Pero no ha habido nada trascendental en el encuentro. El tipo de la tumba de al lado podía haber sido cualquiera, ha sido una cuestión azarosa -siendo más rigurosos, estadística-, como lo es quiénes puedan ser tus vecinos de escalera. Pablo se ha encontrado con Laura y se ha puesto en marcha un mecanismo. Laura se ha encontrado con Pablo y se ha puesto en marcha un mecanismo. Pero cada uno de ellos habita su propio mundo y no hay posibilidad de encuentro. Durante gran parte del espectáculo los personajes comparten el espacio escénico sin verse, e intercalan sus monólogos sin oírse. Existe entre ellos lo que podría llamarse una distancia de paradigma, que es irreducible. El encuentro de Laura y Pablo es casual, de entre los millones de seres que habitan el mundo, Laura podría haberse encontrado con otro Pablo, y viceversa. El mecanismo: La lucha egoísta por reducir al otro, por convertilo en un elemento más de su universo, de su órbita, en un satélite; también en un espejo en el que mirarse y en el que reconocerse. La lucha es a muerte.</p>
<p class="prili">Pero la obra no es una tragedia. Es una tragicomedia. Schopenhauer, voluntad y deseo insatisfecho versus el proceso de uperización de la leche vacuna. Pablo es ganadero y quiere convertir a Laura en ganadera. Laura es una intelectual y quiere convertir a Pablo en intelectual. Cómico, como pueda serlo cualquier diálogo de sordos, como podría serlo asistir a una conversación entre Euclides y Lobachevsky. Por mucho que nos esforcemos en tender vínculos (puentes se dice en un momento de la obra), en crear ilusiones de entendimiento y de comunicación, el fracaso está garantizado y el esfuerzo resulta siempre hilarante para el observador ajeno.</p>
<p class="prili">Pablo podría haber sido otro Pablo y Laura otra Laura. Casual. Pero no lo es, a mí modo de ver, que sea él un granjero y ella una intelectual. Se esconde sin duda detrás la voluntad del autor. Me parece a mí, digo, que ejemplifican dos mundos suficientemente distantes, y, a la vez, arquetípicos, a los que podría reducirse cualquier otra actividad humana; el mundo de la cultura, del pensamiento, por un lado, y de la producción, de la manufactura, de lo tecnológico, por el otro. Y estamos ya en disposición de llegar al corolario:</p>
<p class="prili">El triunfo de la humanidad considerada como especie no es el triunfo de la cultura ni el de la producción industrial, sino el de nuestras enormes, y siempre insatisfechas, diría Schopenhauer -y Pablo y Laura y muchos de nosotros-, ganas de follar.</p>
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		<title>El tamaño de tu vocabulario. Cuántas palabras utilizas o saber con php las palabras únicas que contiene un texto</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Jan 2011 05:21:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Php]]></category>
		<category><![CDATA[Regalo]]></category>
		<category><![CDATA[Reyes Magos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>¿Qué hace esa caja ahí y para qué sirve?</p>

<p Class="prili">Brevemente: Después de que escribas un texto, o lo pegues, y le des al botón enviar sabrás cuántas palabras totales has utilizado y de ellas cuántas son únicas. Es decir, sabrás, en términos numéricos, qué vocabulario has utilizado. Funciona con textos largos. Yo lo he probado con <a href="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/quijote1.pdf" target="_blank"> esta  versión del Quijote</a> y ha ido bien. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><FORM action="http://www.juannegro.es/resultado-de-tu-texto/" method="post"><br />
<textarea name="texto" rows="10" cols="30"></textarea><br />
<INPUT type="submit" value="Enviar"> <INPUT type="reset"><br />
</FORM></p>
<p>¿Qué hace esa caja ahí y para qué sirve?</p>
<p Class="prili">Brevemente: Después de que escribas un texto, o lo pegues, y le des al botón enviar sabrás cuántas palabras totales has utilizado y de ellas cuántas son únicas. Es decir, sabrás, en términos numéricos, qué vocabulario has usado. Funciona con textos largos. Yo lo he probado con <a href="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/quijote1.pdf" target="_blank"> esta  versión del Quijote</a> y ha ido bien. Por cierto, el Quijote (la primera parte, en la versión utilizada para el experimento) tiene 187043 palabras, de las cuales son únicas 14508. Vamos, que Cervantes, por si a alguien le quedaba algún tipo de dudas, se manejaba con un vocabulario amplio. Ojo, no nos queramos comparar con Cervantes. Jugaba con ventajas. En su época no había televisión ni periódicos (o como mínimo no había televisión, pues de lo segundo no estoy del todo seguro). Es decir, que si uno quería mirar el mundo con mirada amplia tenía que proveerse de una buena cantidad de conceptos (valga decir palabras). (Ahora demasiada gente se conforma con las ilusiones que genera la televisión.) Pues de todos es sabido que nuestra mirada sobre el mundo se comporta como una cámara fotográfica, cuantos más píxeles, mejor resolución, esto es, cuantas más palabras más fina es nuestra mirada, más detalle somos capaces de apreciar. Pero ojo que la ecuación no es excluyente. La calidad de la óptica es importante. De todos modos no hay que obsesionarse con el vocabulario. Siguiendo con las metáforas fotográficas, vale más una buena sintaxis que mil palabras.</p>
<p Class="prili">Espero que haya quedado claro qué hace ahí esa caja. Ahora, si quieres, pruébala.</p>
<p Class="prili">Esta caja la podemos considerar un regalo de reyes. El mío es el negro. (Un regalo que quiero compartir aquí.)</p>
<div class="img_centrada">
<div class="in_img_centrada"><img src="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/P1040082.jpg" alt="Majestad Baltasar" title="Majestad Baltasar" width="543" height="406" class="size-full wp-image-345"/>
<div class="clear"></div>
<p>Su Majestad Baltasar escuchando atenta y pacientemente al infante que yo tenía delente</p>
</div>
</div>
<p>Lo explico. La noche de reyes estaba nervioso (la intriga, la espera del nuevo amanecer, haber visto a sus majestades a escasos metros de distancia, que qué habrá hecho ese hombre para merecerse tamaño honor, hablo del alcalde, que cada año disfruta del privilegio de poder estrecharles la mano a los tres, y de darse un baño de multitudes cómodamente instalado en un coche descapotable junto a su majestad Melchor, que es quien abre la comitiva…) nervioso, digo, y me puse a leer un libro malísimo del que daré debida cuenta aquí, pero, la noche en cuestión, esa zona oscura de mi personalidad no estaba de humor y cambié el libro por el portátil (el más portátil de mis portátiles) y navegando navegando fui a dar con un artículo de Sergio Parra, que puede leerse pinchando <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/cuantas-palabras-usamos-descubre-la-riqueza-de-tu-vocabulario-y-ii" target="_blank">aquí</a>, en el que explica un curioso experimento para conocer el vocabulario de cada quien. (Cada quien conocer su propio vocabulario, y sólo el suyo.)</p>
<p Class="prili">La cosa tiene que ver con el diccionario, y me pareció cansado. A diferencia de Sergio Parra, que confiesa un amor devoto hacia esos libros, yo prácticamente ya no los uso; el de la real ni de coña, pues las palabras que te hacen pensar en un diccionario no aparecen en él ni por asomo, y el de María Moliner, que fue durante años mi diccionario de cabecera, empieza a quedarme muy alto allá en el espacio que ocupa en su estantería, de modo que cuando me surgen dudas sobre la definición de una palabra, pues me la invento, y punto, como diría quien yo me sé. En fin, que el experimento, digo, tiene que ver con el diccionario. Se trata de abrir el tocho aleatoriamente cien veces, mirar la primera palabra en cada una de las ocasiones y ver si conocemos la definición. Tomas nota y después aplicas ecuaciones estadísticas. Cansado además de que se tiene que utilizar estadística, lo que convierte el resultado en demasiado interpretable, o subjetivo.</p>
<p Class="prili">Se me ocurrió entonces que lo más fácil, riguroso y exacto sería enumerarlas, vamos, contarlas. Esto es, idear un experimento algebraico en vez de estadístico. Que cada cual (que cada cual interesado en conocer el alcance de su vocabulario) empezara a recitar, digamos que por orden alfabético, las palabras que conoce e ir contándolas a medida. Por supuesto, ésa sería una tarea todavía más cansada además de que se debería confiar en la memoria (pues a veces uno sabe una palabra y no se acuerda en el preciso instante, y es cuando se suele decir que la tienes ahí, en la punta de la lengua); total, un poco inviable.</p>
<p Class="prili">Pero si en vez de recitarlas, las escribes, tomándote el tiempo que necesites y en el orden que te apetezca, sin ni siquiera preocuparte de si repites alguna (ordenándolas incluso de tal modo que te salga un relato, un artículo o una novela, un poema también valdría) y luego las cuentas (restando las repeticiones), pues ahí tienes un método riguroso y preciso si no de saber cuántas palabras conoces sí al menos de saber cuántas has escrito.  Y contar todos sabemos, o deberíamos saber (menos los políticos, que en su inmensa mayoría, por no saber, no saben ni hacer la o con un canuto, y así les salen las sumas, que más que sumar, restan).</p>
<p Class="prili">Y entonces pensé en alguna clase de programa y me puse a googlear para ver si daba con él.  Y no lo hallé, aunque he de reconocer que tampoco mi búsqueda fue demasiado exhaustiva, ya que, si de verdad quieres dar con algo en Internet, al final acabas encontrándolo. Lo que ocurrió es que en seguida me entró el gusanillo de hacérmelo yo mismo. Y aquí es donde tengo que confesar uno de mis hobbies, que también valdría decir &#8220;entretenimiento&#8221; o &#8220;actividad de recreo&#8221;.</p>
<p Class="prili">Me gusta programar. Los lenguajes formales aplicados, esto es, los lenguajes de programación (los formales a secas serían los lógicos, como el de proposiciones o el de primer orden, o el de lógica difusa) tienen una gracia que no tienen los lenguajes naturales (este mismo que estoy utilizando ahora para escribir este post) y que para mí los convierten en una especie de oasis, en una suerte de remanso en aguas turbulentas. (Y ahora me ha venido a la cabeza, no sé por qué, una canción&#8230;)</p>
<p Class="prili">Quien tenga la costumbre de escribir textos con intención digamos que literaria (también valdrían divulgativos) habrá experimentado esa especie de desazón que produce el texto terminado, o más que el texto la duda de si la forma que le hemos dado es la mejor, la más perfecta, la que con mayor precisión, armonía y arte representa aquello que queríamos decir.</p>
<p Class="prili">Esto no ocurre con los lenguajes de programación. Si el programa funciona, es que lo hemos escrito bien. Sí, sí, ya se que un programa se puede escribir de más de una manera, y que también podemos buscar la elegancia del código. Pero si el programa funciona, ahí tienes tu recompensa, la prueba irrefutable de que aquello lo has escrito bien. Me estoy enrollando.</p>
<p Class="prili">Y me puse manos a la obra, y la tarea ha resultado sumamente sencilla.</p>
<p Class="prili">El script está hecho en Php (que es el lenguaje de programación más extendido para aplicaciones web) y básicamente sólo he tenido que utilizar funciones nativas del propio lenguaje.</p>
<p Class="prili">La madre del cordero es str_word_count() que, como su nombre indica, cuenta las palabras que hay en una cadena de texto. Así que si a esa función le pasas como argumento un texto cualquiera te devuelve un número, siendo este número la cantidad de palabras contenidas en la cadena. (Pero no sólo las únicas sino todas.)</p>
<p Class="prili">Pero la función no acaba ahí. Acepta dos argumentos opcionales. El primero puede ser un número comprendido entre 0 y 2. Si le añades el argumento “cero” tal que así: str_word_count(“esta es la cadena”,0) la función se comporta de idéntica manera a la ya explicada (y devolvería un 4 para el ejemplo que acabo de escribir), pero si el segundo argumento es “1” o “2” entonces la función te devuelve un array, que es asociativo en el segundo de los casos. Es decir, te devuelve un conjunto cuyos elementos son todas y cada una de las palabras que formaban la cadena, siendo un conjunto “pelado” con el 1 y diciéndote además qué posición ocupa cada palabra en la cadena con el 2. Para nuestro propósito nos servía el 1.  (i.e. str_word_count(“esta es la cadena”,1) devolvería {esta, es, la, cadena})</p>
<p Class="prili">Sin embargo, esa función está pensada por una mente sajona, de modo que se hace necesario un apaño para los caracteres que podrían considerarse raros. Y la función, qué lujo, lo contempla. Así que como tercer argumento se le puede pasar una cadena de caracteres raros tales como “ñ”, “ç”, “á” o “à”. El propósito es que la función cuando se ponga a correr reconozca esos caracteres y no parta palabras indevidamente, es decir,  str_word_count(“apaño”,1,”ñ”) devuelve {apaño} mientras que str_word_count(“apaño”,1) devuelve {apa, o}, lo que no sería correcto.</p>
<p Class="prili">Total que la función nos coge el Quijote y nos lo convierte en un conjunto de 187043 palabras. Ahora sólo falta saber cuáles de ellas son únicas.</p>
<p Class="prili">Pero no me alargo más, dejo aquí el código brevemente comentado, por si alguien quiere implementar este gadget en su página.</p>
<pre class="brush: php; title: ;">
&lt;?php
if ($_POST['texto']) { //si han pasado texto...
$str=$_POST['texto']; //“meto” el texto recibido en $str
$str=str_replace(array('¡',&quot;'&quot;,'¿','-'), &quot;&quot;, $str); //elimino caracteres molestos
$str=strtolower($str); //todo minúsculas, para que “La” y “la” sean la misma palabra
$array=(str_word_count($str, 1, 'àèìòùáéíóúïüç·ñ')); //la madre del cordero, el conjunto de palabras
$num=count($array); //las contamos
	echo &quot;&lt;p&gt;Tu texto tiene &quot; . $num . &quot; palabras&lt;/p&gt;&quot;; //en pantalla el resultado
$array_unique=array_unique ($array); //el subconjunto con las palabras únicas
$num=count($array_unique); //y las contamos
	echo &quot;&lt;p&gt;De las cuales son únicas: &quot; . $num . &quot;&lt;/p&gt;&quot;; //y lo saco en pantalla
	echo &quot;&lt;p&gt;&lt;a href='http://localhost/juannegro/2011/01/palabras-unicas-en-un-texto-con-php/'&gt;Volver al post&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&quot;;
}
else {
	echo &quot;&lt;p&gt;Oh, has enviado la caja vacía. Pega algo de texto, o escríbelo. Puedes copiar y pegar hasta un Quijote.&lt;/p&gt;&quot;; 

	echo &quot;&lt;p&gt;&lt;a href='http://localhost/juannegro/2011/01/palabras-unicas-en-un-texto-con-php/'&gt;Volver al post&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&quot;;
	}
?&gt;
</pre>
<p>Como se ve, el código utilizado no es nada complicado.</p>
<p Class="prili">Y, por cierto, en modo alguno la caja es maliciosa. Vamos, que los textos enviados no se guardan en base de datos alguna, lo que, ciertamente, podría hacerse de la manera más sencilla.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>¡Cómo están los humos!</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Jan 2011 09:13:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filósofos]]></category>
		<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Tabaco]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Con lo del tabaco, pues parece que es un tema que despierta gran interés. [...]</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con lo del tabaco, pues parece que es un tema que despierta gran interés.</p>
<p class="prili">¿Alguien se acuerda de cuando se podía fumar en clase? Yo recuerdo al filósofo barcelones Miguel Morey como si fuera hoy entrando en el aula con su paquete de Camel sin boquilla y&#8230; venga, a empezar a fumar (de hecho me acuerdo mucho mejor de su imagen fumando que de lo que decía) uno detrás de otro hasta que pasaba la hora (que eran tres cuartos si llegaba). Por supuesto entre frase filosófico-antropológica y frase filosófico-antropológica calada va calaba viene y, ya sí, todo el mundo se animaba y a fumar con nuestras caras de superinterés echando el humo en el cogote del de delante. Después nos íbamos al bar, y allí seguíamos fumando, superinteresados con lo que habíamos oído o quizá escuchado. Y lo curioso es que a nadie le sorprendía y nadie se escandalizaba. ¿Eramos unos trogloditas o simplemente eran otros tiempos? ¿Qué pasa ahora en las facultades? Debe de ser todo tan aséptico&#8230;</p>
<p class="prili">¿Dónde queda en ámbito de lo privado? ¿Va ser cada vez más difuso y la clase política se va a sentir cada vez con mayor derecho para legislarlo? Sinceramente lo del tabaco me parece anecdótico, pero preocupante. Cuando se inclina un plano que permanecía horizontal lo que quiera que haya encima puede mantenerse en su posición, sí, pero si seguimos inclinándolo, antes o después, comenzara a rodar, o deslizarse, y se caerá al suelo y, si era frágil, se romperá.</p>
<p class="prili">Así las cosas, llegará el día en que habrá una ley que, quizá amparándose en cualquier tipo de argumentación científico-peregrina, nos obligue a tirar de la cadena del water después de haber hecho lo que cada cual va a hacer al water. Que conste que me parece muy razonable tirar de la cadena, pero&#8230;</p>
<p class="prili">¿No existen otras maneras de armonizar intereses? ¿Es que acaso ya no creen los gobiernos en la pedagogía? ¿Acaso día a día perdemos nuestra condición de ciudadanos adultos y nos convertimos en ciudadanos niños?</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Hasta aquí 2010; en adelante, 2011</title>
		<link>http://www.juannegro.es/2010/12/hasta-aqui-2010-en-adelante2011/</link>
		<comments>http://www.juannegro.es/2010/12/hasta-aqui-2010-en-adelante2011/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 31 Dec 2010 07:28:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Feliz año nuevo. [...]</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Feliz año nuevo.</p>
<p>“&#8230;y que una especie de elevada ambición invada nuestro espíritu, de modo que, despreciando la mediocridad, ardamos en deseos de cosas superiores y, puesto que podemos alcanzarlas, dirijamos todas nuestras energías a tenerlas.”</p>
<p><em>
<p>Oración sobre la dignidad del hombre</p>
<p></em></p>
<p>G. Pico della Mirandola</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>De la historia de la filosofía en varios volúmenes a la prohibición de los toros en Cataluña porque a mi no me gusta el espectáculo, dantesco desde luego. Evolución del filósofo Jesús Mosterín, un lógico abrazando la ética.</title>
		<link>http://www.juannegro.es/2010/12/de-la-historia-de-la-filosofia-en-varios-volumenes-a-la-prohibicion-de-los-toros-en-cataluna-porque-a-mi-no-me-gusta-el-espectaculo-dantesco-desde-luego-evolucion-del-filosofo-jesus-mosterin-un-log/</link>
		<comments>http://www.juannegro.es/2010/12/de-la-historia-de-la-filosofia-en-varios-volumenes-a-la-prohibicion-de-los-toros-en-cataluna-porque-a-mi-no-me-gusta-el-espectaculo-dantesco-desde-luego-evolucion-del-filosofo-jesus-mosterin-un-log/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 28 Dec 2010 13:10:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filósofos]]></category>
		<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Gea de Albarracín]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Mosterín]]></category>
		<category><![CDATA[Laurita]]></category>
		<category><![CDATA[Toros]]></category>

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		<description><![CDATA[En mi casa de Gea de Albarracín tengo la mayor parte de mis libros. Esto es así porque en mi piso de Barcelona no me cabe uno más, razón por la que últimamente no compro y sólo acepto los que me regalan, que, a su vez, suelo regalar. (A Laura, mi vecinita, la tengo contenta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En mi casa de Gea de Albarracín tengo la mayor parte de mis libros. Esto es así porque en mi piso de Barcelona no me cabe uno más, razón por la que últimamente no compro y sólo acepto los que me regalan, que, a su vez, suelo regalar. (A Laura, mi vecinita, la tengo contenta con este negocio.) Aún así sigo yendo al Fnac con cierta regularidad a mirar las novedades. Pero es cierto que me canso pronto -porque las novedades como que no me inspiran demasiada confianza en su inmensa mayoría- y entonces me voy a mirar las pelis o los discos o los libros infantiles y sobre todo, muy recientemente, las cámaras fotográficas. Y es que me he vuelto un friqui de las cámaras; sí, sí, un friqui, pero esto quizá lo explique en otro lugar.</p>
<div class="img_centrada">
<div class="in_img_centrada"><img src="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/P1020047.jpg" alt="Toro bravo" title="201008_gea_toto_bravo" width="543" height="406" class="size-full wp-image-345"/>
<div class="clear"></div>
<p>Niños embobaos siendo embestidos por toro bravo</p>
</div>
</div>
<p class="prili">Viene a cuento esta introducción un tanto gratuita porque este verano he hecho tres cosas de las que me gustaría hablar. 1) Encontrar en mi casa de Gea los volúmenes de la historia de la filosofía de Jesús Mosterín (y releerlos), 2) mirar los vídeos que hay colgados en YouTube sobre el debate -más que los debates, la intervención de Jesús Mosterín en calidad de experto, no de toros, se entiende- que se dio en el Parlament de la Genaritat a propósito de si sí o si no a las corridas, de toros- y, 3), correr delante del toro embolao en las fiestas de mi pueblo, que tuvieron lugar entre los días 19 y 24 de agosto y que estuvieron amenizadas por la orquesta Niza, la orquesta Bulevard, la orquesta Dolce Vita y la discomóvil Solitur (ésta última discoteca móvil los fines de semana y agencia de viajes de lunes a viernes).</p>
<div class="img_centrada">
<div class="in_img_centrada"><img src="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/P1010447.jpg" alt="El cartel de fiestas" title="201008_cartel_fiestas_gea" width="543" height="799" class="size-full wp-image-344" />
<div class="clear"></div>
<p>El cartel de las fiestas de este año</p>
</div>
</div>
<p class="prili">Quien no sepa quién es Jesús Mosterín puede leer el contenido del siguiente paréntesis, en el que me voy a alargar y voy a explicar ciertas peculiaridades de la facultad de filosofía de la UB, donde yo me licencié con honores. Lo pongo en punto y a parte.</p>
<p class="prili">(Es JS, sin duda, uno de los filósofos más brillantes de nuestro país y uno de los introductores -por no darle todo el mérito- de la filosofía analítica en nuestras facultades de filosofía -y digo en nuestras facultades porque es sabido que las cabezas del común de los mortales, entre las que la mía se cuenta, muestran verdadera resistencia a dejarse penetrar por nada-. En fin, lo que quiero decir es que Jesús Mosterín es un filósofo analítico o también vale decir un lógico. Quédense, pues, con este dato:  JS=Lógico. Ahora un comentario sobre mi facultad, para que se entienda mi sorpresa y la razón por la estoy escribiendo este post de manera tan desordenada, ciertamente: En mi facultad había y supongo que sigue habiendo, tres departamentos, el de Filosofía teorética y práctica, plantas primera y segunda -esto en la antigua sede que estaba justo enfrente del estadio del Fútbol Club Barcelona, actual campeón de liga por segundo año consecutivo y firme candidato a revalidar el título, lo que suponía, los días de partido, algunas molestias, no porque los gritos que llegaban desde las gradas llegaran a perturbar la concentración de los jóvenes y esforzados filósofos que podíamos estar a tales horas aún en la biblioteca, sino porque más de una vez nos dejaban el coche encerrado, a los que lo usábamos, y había que esperarse hasta que terminaba el encuentro con el agravante de verse después en un carrusel que se paraba a cada cinco metros para mirar con detenimiento a los travestis, y negociar el precio si se terciaba, que con tamaño descaro, alegría y riesgo para su salud mostraban sus atributos en las inmediaciones de la facultad; Filosofía teorética y practica, plantas primera y segunda, digo, donde se concentraban, dicho aquí en el sentido de reunían, los éticos y los tomistas, devotos ellos; el de Historia de la Filosofía, plantas tercera y cuarta, que tenía la peculiaridad de concentrar -también en el sentido de reunir- a todos los profesores que frecuentaban -algunos lo frecuentaban, otros vivían- el bar, y por tanto los más interesantes para mantener una charla improvisada de cafetería; y el departamento de Lógica, plantas quinta y sexta, los que más supieron seducirme porque, aunque no decían cosas a priori tan entretenidas, cuando menos sabían argumentar. Pues bien, los lógicos y los teoréticos no se podían ni ver, y en la mayoría de los casos se negaban el saludo. Los unos debían de pensar de los otros que eran enviados del mismísimo Belcebú, venidos a la tierra con el propósito de instaurar el ateísmo, y, en contrapartida, éstos de aquellos que eran monaguillos frustrados cuando no retrasados mentales. Y aquí era donde quería llegar con el paréntesis. Al mal rollo que había entre éticos y lógicos.)</p>
<p class="prili">Por lo que comprenderán que ver a Jesús Mosterín argumentado desde la ética resulta, como mínimo, chocante. (Aunque su caso no es único, sirva citar a B. Russell, un lógico refundado.)</p>
<p class="prili">Pero superada la primera sorpresa también es verdad que me dio un alegrón ver a una persona que piensa y que destila amabilidad hablando en un parlamento, cosa rarísima.</p>
<p class="prili">Y casi saco el mechero con el inicio de su intervención, que hay que tener más cojones que un torero para decir lo que dijo. Señorías, son ustedes unos palurdos, unos paletos, unos ignorantes de tomo y lomo y déjenme aclararles algo sobre lo que cualquier estudiante de primero de bachillerato (antes 3º de BUP) no debería tener dudas: la diferencia entre los conceptos de ética y moral.</p>
<p class="prili">Moral: conjunto de normas y costumbres que se da o hereda una sociedad, es decir, su tradición o su cultura, y Ética: disciplina seudofilosófica que pretende convertir en normas universales lo que de suyo no puede serlo.</p>
<p class="prili">Evidentemente, JS no hizo la distinción tal cual la he puesto en el párrafo de arriba, sino que dijo más o menos de la ética que es una rama de la filosofía que, como tal, se maneja con universales. En fin. Tanto da. A mí lo que lo que me flipó es ver a JM echando mano de argumentación ética para defender sus gustos o su sensibilidad.</p>
<p class="prili">Gusto y sensibilidad que compartimos. Es decir: No me gustan las corridas de toros. Abomino de ese espectáculo grotesco y dantesco. No soporto ver sufrir a un animal. Por no matar no mato ni a una mosca (que les abro la ventana para que salgan) y evito pisar las hormigas que me salen al encuentro. No me gusta que a los toros los maten con ese escarnio.</p>
<div class="img_centrada">
<div class="in_img_centrada"><img src="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/P1020053.jpg" alt="Toro de lidia peligroso" title="201008_toro_pelibroso" width="543" height="363" class="size-full wp-image-346" />
<div class="clear"></div>
<p>A pesar del evidente peligro, los niños no se arredran</p>
</div>
</div>
<p class="prili">Pero el debate ético acerca de si sí o si no las corridas de toros no me parece el lugar apropiado para discutir acerca de la cuestión y sinceramente no creo que desde la ética se pueda o deba aportar argumentación concluyente.</p>
<p class="prili">Personalmente creo que los pueblos tienen una moral (un conjunto de tradiciones, un conjunto de ideas sobre lo que es bueno y lo que es malo) como resultado de procesos complejos -evolutivo, histórico, emocional&#8230;- que no puede reducirse a una argumentación ética. Porque ninguna argumentación ética resiste un análisis riguroso y porque sin embargo todos aceptamos determinados enunciados morales sin necesidad de argumentación alguna. Nótense las diferencias entre los enunciados “no matarás a tu madre” y “no matarás a tu toro”. Es decir, no creo que haga falta una ética para defender “no mataras a tu madre” como tampoco creo que desde una ética se pueda defender “no mataras a tu toro”.</p>
<p class="prili">Más bien creo que “no matarás a tu toro” debería defenderse desde la estética (esa otra disciplina filosófica además de práctica profesional), esto es, desde la sensibilidad, desde la educación, desde el refinamiento. Y no se trataría tanto de argumentar, cuanto de convencer, de seducir (de seducir a nuestro interlocutor con nuestra oferta, con nuestra propuesta). Pero esto último no se hace desde la prohibición, que nunca es pedagógica.</p>
<p class="prili">En cualquier caso las contradicciones -y las emociones- están ahí. Ya me ven a mí, diciendo que no me gustan los toros y corriendo delante del toro embolao en las fiestas de mi pueblo, haciendo verdaderos equilibrios para no derramar el contenido de mis ideas y de mi litro de ron con coca-cola.</p>
<div class="img_centrada">
<div class="in_img_centrada"><img src="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/P1020398.jpg" alt="Toro embolao" title="201008_toro_embolao" width="543" height="407" class="size-full wp-image-347"/>
<div class="clear"></div>
<p>El toro que me hizo correr</p>
</div>
</div>
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		<title>Del libre albedrío a la amnesia como medida de higiene mental. (Comentario al último post de El Pobrecito Hablador del siglo XXI.)</title>
		<link>http://www.juannegro.es/2010/11/del-libre-albedrio-a-la-amnesia-como-medida-de-higiene-mental-comentario-al-ultimo-post-de-el-pobrecito-hablador-del-siglo-xxi/</link>
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		<pubDate>Tue, 16 Nov 2010 05:38:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Charlatanes]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Los muy antiguos identificaban la cosa con la palabra que la representaba. De la regularidad de los procesos naturales (al menos a pequeña escala) se extrae la idea de destino. La suma de las dos anteriores, arroja la idea de que todo está escrito. Que todo el verbo que fluye, lo hace inexorablemente. Pero luego vino un rebelde a hablarnos del libre albedrío.  Y yo me quedo con esta idea. Vamos, que me niego a creer que lo tengo que oír de nuestros políticos y de la pléyade de charlatanes que en el mundo son se deba a una fuerza cósmica superior a nuestras voluntades. [...]</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los muy antiguos identificaban la cosa con la palabra que la representaba. De la regularidad de los procesos naturales (al menos a pequeña escala) se extrae la idea de destino. La suma de las dos anteriores, arroja la idea de que todo está escrito. Que todo el verbo que fluye, lo hace inexorablemente. Pero luego vino un rebelde a hablarnos del libre albedrío.  Y yo me quedo con esta idea. Vamos, que me niego a creer que lo tengo que oír de nuestros políticos y de la pléyade de charlatanes que en el mundo son se deba a una fuerza cósmica superior a nuestras voluntades. Prefiero creer que lo que tenemos es lo que nos merecemos, que es lo que nos hemos dado. No es para saltar de alegría, pero al menos queda ahí un resquicio para la esperanza. En estos días estamos en campaña electoral aquí en Cataluña, y nuestros políticos y charlatanes están floridos. Suerte que hay una cosa que se llama amnesia, que yo utilizo a menudo. Y por lo visto no soy el único. Según El Periódico,  el 73% de los catalanes no recuerda ninguna propuesta electoral. Me quedo con el titular. No leo más. A eso se le llama higiene mental.</p>
<p class="prili">Como digo, este post es una contestación al que ha escrito mi admirado El Pobrecito Hablador del siglo XXI en su blog, y puede leerse pinchando <a href="http://elpobrecitohabladordelsigloxxi.blogspot.com/2010/11/anatomiaa-forense-vla-boca.html">aquí</a>.</p>
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		<title>Propuesta no académica, y no real, de cambios en el orden de las letras del abecedario y de cambio de nombre de la letra “w”</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Nov 2010 10:13:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[Real Academia]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Yo el abecedario me lo aprendí de carrerilla. Y todavía me lo sé así, de carrerilla. Quiero decir que podría hallarme en cierta dificultad si alguien me preguntara qué posición ocupa tal letra, qué letras la flanquean, si no recurro a la treta de recitarme mentalmente cuando menos un segmento de la serie. Por ejemplo, para saber en qué posición se halla la “q” –que ya puestos, bien podría cambiársele el nombre a esa letra y llamarla “Ke”, pues la “u”, a su lado, debería enmudecer-, para saber en que posición se haya la “q”, digo, debo remontarme a la “o” y recitarme un breve “opecuerre” para saber que precede a la “r” y sigue a la “p”. [...]</p> ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo el abecedario me lo aprendí de carrerilla. Y todavía me lo sé así, de carrerilla. Quiero decir que podría hallarme en cierta dificultad si alguien me preguntara qué posición ocupa tal letra, qué letras la flanquean, si no recurro a la treta de recitarme mentalmente cuando menos un segmento de la serie. Por ejemplo, para saber en qué posición se halla la “q” -que ya puestos, bien podría cambiársele el nombre a esa letra y llamarla “Ke”, pues la “u”, a su lado, debería enmudecer-, para saber en que posición se haya la “q”, digo, debo remontarme a la “o” y recitarme un breve “opecuerre” para saber que precede a la “r” y sigue a la “p”.</p>
<p class="prili">Decía que me lo aprendí de carrerilla y recuerdo que se vivía cierta tensión en el aula cuando el hijo de puta del maestro de turno pedía que lo recitáramos.  (Yo fui a un colegio de curas, en Teruel, y hasta que se murió Franco todos los profes que tuve fueron unos verdaderos hijos de puta; y quizá siguieron siéndolo después, pero como mínimo dejaron de ahostiarnos.) Y en mi caso, hasta que llegaba a la “w” no conseguía relajarme. Pues llegar a la “w” sin tropiezos (y sin haber por tanto recibido un capón con los nudillos o con el manojo de llaves) era garantía de éxito, ya que con el segmento “equisygriegayzeta” era imposible equivocarse. (Está demostrado que se memoriza mejor el inicio y el final de una serie dada.)</p>
<p class="prili">No sé si todavía en las escuelas los niños siguen aprendiéndose el abecedario de memoria (me consta que las teorías pedagógicas están en perpetuo desarrollo), pero, si así fuera, propongo algunos cambios en el orden de las letras y en el nombre de una de ellas en particular.</p>
<p class="prili">Propongo que la “w” deje de llamarse “uvedoble” y pase a llamarse “güi” (por ser, de las que llevan esa letra, “whisky” de las más usadas y por ser ése su sonido en el referido vocablo). Propongo también que la así llamada “gui” ocupe el primer puesto del abecedario. Quedará un poco afrancesado, pero es un modo de contestar afirmativamente y empezar a recitarlo -en ajedrez a eso se le llama ganar un tiempo- cuando un profesor se lo demande a un alumno. Y propongo finalmente que las vocales se agrupen al final de la seria abrazando a la rebautizada “igriega”, quedando el segmento final como sigue: “i-o-u-ye-e-a”.</p>
<p class="prili">De este modo, el alumno podrá convertir el final de su recitación en un grito de júbilo.</p>
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		<title>Plaza de Vázquez Montalban en el Raval</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Feb 2009 08:57:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[BCNegra]]></category>
		<category><![CDATA[biográfico]]></category>
		<category><![CDATA[Emilio Rosales]]></category>
		<category><![CDATA[olympus]]></category>
		<category><![CDATA[Raval]]></category>
		<category><![CDATA[Vázquez Montalbán]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_79" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img class="size-medium wp-image-79" title="plaza_vazquez_montalban3_w" src="http://www.juannegro.es/imagenes_blog/plaza_vazquez_montalban3_w-300x225.jpg" alt="Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro" width="300" height="225" /><p class="wp-caption-text">Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro</p></div>
<p>Hace unos días inauguraron en Barcelona la plaza de Vázquez Montalbán. Fue en el marco de BCNegra. No pude ir por hallarme de viaje, pero me hubiera gustado. Ayer domingo finalmente tuve oportunidad de, dando un paseo, acercarme a la plaza. Cogí mi Olympus E 3 para hacer mis primeras fotos de exterior. Salí a Portaferrissa, y desde ahí a las ramblas. Compré los periódicos en el kiosco de siempre y bajé un trecho hasta el Carrer de Sant Pau, que es por donde me gusta adentrarme en el Raval. Imagino a Pepe Carvalho transitando por esa calle en más de una ocasión. El Marsella naturalmente estaba cerrado. Pero en el Carrer d&#8217;en Robador (bocacalle de Sant Pau) ya había mujeres trabajando. Las hay de día y de noche. Probablemente sea la calle de putas más antigua de Barcelona, y también puedes encontrar a las decanas. A mitad de Sant Pau, se abre ahora la rambla del Raval. A mi todavía se me hace raro ver ese bulevar. Ahí, en una de las callejuelas que ocupaban ese espacio, estaba, cuando yo vine a vivir a Barcelona, la sala de conciertos Necronomicon. (Muy cerca de ahí compraba el hachís, justo al lado de un cuartel de la guardia civil.) Subiendo el nuevo paseo, a mano derecha, tenemos la nueva plaza de Vázquez Montalbán.</p>
<div id="attachment_80" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><img class="size-medium wp-image-80" title="plaza_vazquez_montalban4_w" src="http://www.juannegro.es/imagenes_blog/plaza_vazquez_montalban4_w-300x225.jpg" alt="Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro" width="300" height="225" /><p class="wp-caption-text">Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro</p></div>
<p>Es fea. Es fea o cuando menos no tiene nada que ver con lo que a priori uno esperaría de una plaza dedicada al escritor del Raval en el Raval. De hecho no es una plaza sino una especie de entrante de la rambla. Donde un día hubo edificios ahora está el espacio que preside el hotel Barceló. Los edificios circundantes también son nuevos, y de un estilo anodino que te hace pensar que lo mismo que los han plantado ahí los podrían haber colocado, qué se yo, en el Guinardó. A pesar de todo, detrás de esos edificios blancos, siguen estando las putas centenarias. (¿Durante cuanto tiempo?) Ni rastro de la cafetería que hubiera querido encontrar (cafetería o bar de copas por la noche, de desayunos por la mañana y donde ir a tomar una cervecita tranquilo por la tarde acompañada de la relectura de alguna de las novelas de Vázquez Montalbán) y me tuve que acomodar en la terraza de la cafetería del hotel. Como que ya eran más de las doce me pedí unas olivas rellenas, unos boquerones en vinagre y una cerveza. Pero no tenían boquerones y hube de conformarme con las olivas y unas patatas fritas de bolsa. Lo peor de todo es que en los bajos vacíos del edificio blanco y anodino, cuyas cristaleras sirven ahora de expositor de fotos con leyenda del escritor, proyectan poner una sede de la Seguridad Social. Seguro que el escritor fue un contribuyente ejemplar y que asistió con su esfuerzo a la jubilación de todos, pero de ahí a poner una sede de la SS SS en su plaza va un trecho. En fin.</p>
<div id="attachment_77" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><img class="size-medium wp-image-77" title="plaza_vazquez_montalban1_w" src="http://www.juannegro.es/imagenes_blog/plaza_vazquez_montalban1_w-300x225.jpg" alt="Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro" width="300" height="225" /><p class="wp-caption-text">Plaza Vázquez Montalbán © Juan Negro</p></div>
<p>A Vázquez Montalbán comencé a leerlo a los 14 años. Puedo fechar con precisión el acontecimiento porque recuerdo sin posibilidad de error que una de las suyas fue la primera novela que leí en la recepción de la pensión de mi tía, donde comencé a trabajar de noche. Leí un buen número de las novelas de Pepe Carvalho (no sabría precisar cuántas) hasta que poco a poco fui espaciándolas porque otros fueron reclamando mi atención y mi interés. En cualquier caso, y paradójicamente, la novela de Vázquez Montalbán que más influyó en mi ulterior interés por la investigación privada, no es ninguna de las de la serie del detective sino la que lleva por título <em>Los alegres muchachos de Atzavara,</em> un relato social o costumbrista, que, más que por la historia en sí, historia que recuerdo con agrado, llamó mi atención por los recursos técnicos que en ella utiliza el autor. Ahí (tendría yo 18  o 19 años) empecé a comprender la importancia del buen uso del tiempo y la perspectiva. (Esa lección podría habérmela impartido cualquier otro, pero el encuentro con ese libro quiso que fuera Vázquez Montalbán el maestro.) Después, hasta hace unos años, no volví a encontrarme con Pepe Carvalho, fue en su despedida, cuando el entonces editor de Planeta, Emilio Rosales, quiso mi opinión del último manuscrito del escritor y su detective.</p>
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		<title>Teléfonos móviles demasiado inteligentes</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Feb 2009 07:42:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[chorizos]]></category>
		<category><![CDATA[olympus]]></category>
		<category><![CDATA[telefonía móvil]]></category>

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		<description><![CDATA[Pintor con cara de &#8220;comor&#8221; al ver la factura de su smartphone La semana pasada leo en el CiberPais el siguiente titular: “Teléfonos móviles inteligentes”. No leo el cuerpo de la noticia, pero no dejo de preguntarme sobre el significado de ese titular. Teléfonos inteligentes. ¿Contestan por el dueño cuando los pones en piloto automático [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="img_centrada">
<div class="in_img_centrada"><img src="http://www.juannegro.es/wp-content/uploads/ciberpais_facturaw1.jpg" alt="" title="Ciberpais Factura inteligente" />
<div class="clear"></div>
<p>Pintor con cara de &#8220;comor&#8221; al ver la factura de su smartphone</p>
</div>
</div>
<p>La semana pasada leo en el <a href="http://www.elpais.com/suple/ciberpais/">CiberPais</a> el siguiente titular: “Teléfonos móviles inteligentes”. No leo el cuerpo de la noticia, pero no dejo de preguntarme sobre el significado de ese titular. Teléfonos inteligentes. ¿Contestan por el dueño cuando los pones en piloto automático y mantienen ellos mismos la conversación más apropiada con el interlocutor? Quizá eso es demasiado y sólo te soplan al oído lo que tienes que decir cuando te sientes demasiado vago para mantener la atención en una conversación que te está aburriendo. Pero no, ni una cosa ni la otra. La incógnita me la despeja el propio <a href="http://www.elpais.com/suple/ciberpais/">CiberPais</a> esta semana. Abro el suplemento y me encuentro con la foto que reproduzco aquí. (La foto de la foto es mía, mi primera foto). Un pintor se lamenta de que le han soplado 315,90 € en la factura del móvil (eso tiene que doler). No leo el contenido del artículo porque la foto por sí sola y el titular ya lo dicen todo. Sigo hojeando el suplemento y me encuentro con el siguiente titular: “Errores en 8 de cada 10 facturas, según <a href="https://www.doctorsim.com/">DoctorSim</a>”. Esta vez leo la noticia. Lo que dice se puede resumir en una frase. Las operadoras de telefonía se equivocan en 8 de cada 10 facturas, pero siempre a su favor, claro.
</p>
<p>Conclusión: Los teléfonos móviles utilizan su inteligencia para sacarle la pasta al usuario de telefonía móvil.
</p>
<p>A partir de ahora, cada vez que te mires el móvil, en el metro, en el autobús o donde sea, y pienses “joder qué guapo que es, cómo fardo”, piensa que él estará pensando en cómo seguir sacándote la pasta.
</p>
<p>p.s.: Lo que no entiendo es la contradicción de CiberPais. Denuncia el caso (por entregas, pero lo denuncia) y sin embargo dedica más de la mitad del contenido de la publicación a hacer publicidad directa o indirecta de esos aparatos tan listos.</p>
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		<title>Rosa Rosae, una novela no escrita</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Feb 2009 10:31:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Miscelánea]]></category>
		<category><![CDATA[biográfico]]></category>
		<category><![CDATA[encargo]]></category>
		<category><![CDATA[Rosa Rosae]]></category>

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		<description><![CDATA[A principios de año recibí un correo electrónico pidiéndome presupuesto para la redacción de una novela; el cliente especificaba que tenía que ser de género rosa y tener una extensión de entre 600 y 750 páginas estándares, esto es, de 300 palabras cada una. Que si aceptaba el presupuesto, decía, me facilitaría una serie de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.juannegro.es/imagenes_blog/interrogante-200x300.jpg" alt="interrogante" title="interrogante" width="200" height="300" class="alignleft size-medium wp-image-73" />A principios de año recibí un correo electrónico pidiéndome presupuesto para la redacción de una novela; el cliente especificaba que tenía que ser de género rosa y tener una extensión de entre 600 y 750 páginas estándares, esto es, de 300 palabras cada una. Que si aceptaba el presupuesto, decía, me facilitaría una serie de directrices para la redacción.</p>
<p>Dos días después envíe el presupuesto solicitado, en el que incluía, como es de rigor, el plazo de entrega (4 meses). Una semana más tarde el cliente contestaba positivamente y añadía las siguientes indicaciones: Que la protagonista tenía que ser una escritora de éxito relativamente joven, que, volcada en su trabajo, había olvidado por completo su vida amorosa, que un acontecimiento extraordinario (sic) la ponía en conocimiento de un hombre del que se enamoraba perdidamente, que, sin embargo, una serie de vicisitudes que iban a vivir ambos protagonistas convertía en prácticamente imposible la relación, pero que, finalmente, el amor triunfaba por encima de todo (sic) y la pareja comenzaba una nueva vida juntos, más plena para ambos.</p>
<p>El cliente, en un último párrafo, me pedía un resumen de aproximadamente 20 páginas en el que figurara pormenorizado el argumento, el desarrollo lineal del argumento, es decir, la sucesión de las diferentes escenas, indicando la acción contenida en cada una de ellas, el perfil de los personajes principales y secundarios y las consideraciones generales que creyera oportuno.</p>
<p>A lo que le contesté, en nuevo mail, que, una vez tuviera ingresado el 50% de lo acordado en la cuenta cuyo número figuraba en el presupuesto, me pondría a redactar el resumen solicitado, con el que podría contar en unas dos semanas y del que podríamos discutir tanto como fuera necesario hasta ajustarlo a su gusto y medida.</p>
<p>A lo que el cliente contestó que debía entender que el 50% era una cantidad demasiado alta como para adelantarla sin antes tener la prueba de que el producto se iba a ajustar a sus necesidades, por lo que, todo lo más, estaba dispuesto a adelantar el 5% de lo presupuestado.</p>
<p>Le contesté a mi vez que ni por iniciativa propia ni ajena había escrito hasta la fecha una novela de genero rosa, pero que, no obstante, sí las había traducido (en una época en la que aceptaba las tarifas de las editoriales), lo que me confería la suficiente perspectiva para acometer el encargo con garantías de éxito, que las había escrito de otros varios colores, por iniciativa propia y ajena, lo que me aportaba, modestia aparte, la necesaria experiencia para finalizar el encargo a su plena satisfacción, que entendía que si se había dirigido a mi era porque algún cliente satisfecho le habría dado buenas referencias, por lo que, razonaba, no alcanzaba a vislumbrar dónde radicaba la causa de su recelo, pero que, no obstante, comprendía sus reservas y que, por ello, estaba dispuesto a redactar el resumen previo pago del 20%; si bien debía quedar claro que el 60% restante del primer 50% debería ingresarlo una vez aprobado el resumen y que el otro 50%, como se especificaba en el presupuesto, me sería ingresado en 5 pagos contra la entrega de cada una de las quintas partes del total de la novela, hasta su finalización.</p>
<p>A lo que el cliente contestó que sí a todo a excepción de lo del 20%, que como mucho el 10%, quedando el 80% restante del primer 50% pendiente de la aprobación del resumen.</p>
<p>A lo que yo contesté que de acuerdo.</p>
<p>Al día siguiente se reflejaba en mi libreta de Caixa Catalunya, bajo el concepto “Rosa Rosae”, sugerido por mí, un ingreso de 1.500 €, lo que motivó que ese día, y los siguientes, estuviera de especial buen humor (no del buen humor que es consuetudinario en mí sino de especial buen humor), lo que me llevó, entre otras cosas y como ya dije, a <a href="http://www.juannegro.es/casanova-foto-y-mi-olympus-e-3/">desestimar la venta</a> de mi flamante equipo Olympus E 3, que, por cierto, todavía no he podido estrenar a pesar de haber comprado ya una tarjeta de memoria de 4 gigas. </p>
<p>Dos semanas después enviaba a mi cliente una memoria o informe (pues se trató finalmente de algo más que de un simple resumen) de 22 páginas y 8875 palabras.</p>
<p>En dicho documento se desarrollaba el argumento con la cantidad justa de detalles, se secuenciaban las escenas, describiendo su acción y agrupándolas por capítulos, se dibujaban los rasgos maestros de los personajes principales y secundarios, y se acometía un análisis del tipo de sintaxis a utilizar en la redacción del texto basado en el público objetivo al que presumiblemente iba a ir dirigida la novela. Así mismo, se sugería y/o estimaba el porcentaje de espacio para los diálogos (entre un 60 y un 70%) y las partes no dialogadas (mayormente descripciones físicas, de vestimenta, de espacios y atmósferas, y de no menos de dos actos amorosos o polvos, dicho de otra manera, ni más de cuatro, con todo lujo de detalles).</p>
<p>El cliente contestó a los dos días diciendo que le parecía perfecto y que adelante con la novela, que no tenía ninguna objeción a hacer a mi propuesta. A lo que le contesté que quedaba a la espera del ingreso del 80% del primer 50%.</p>
<p>Llegado a este punto he de decir que un investigador privado jamás rebela ningún dato de sus clientes ni de los trabajos que realiza para sus clientes. No dice jamás nombres en las reuniones de amigos o conocidos ni descubre datos que puedan permitir seguirle después la pista a un trabajo realizado. Todo lo más, cuando se le pregunta sobre lo que lleva entre manos, dice “Estoy metido en un caso difícil que me está exigiendo todo lo mejor de mí” o “Entre manos llevo un asunto trivial, algo con lo que podría un bachiller medianamente aplicado”. En ese sentido somos como los curas, los médicos y los abogados, o sólo como los curas y los médicos, o quizá sólo como los curas.</p>
<p>Se me dirá que en este momento estoy yendo contra esa máxima. Y justamente es lo que estoy haciendo.</p>
<p>Y permítaseme en este punto colar un resumen del resumen de <em>Rosa, Rosae</em>. Ahí va.</p>
<p>Una joven atractiva conduce excesivamente rápido por una carretera estrecha y llena de curvas. Va ella sola en el coche. En el equipo de música suenan antiguos temas de Siniestro Total. No quiere ser una premonición. Presumiblemente atraviesa un puerto de montaña. Luego se sabe que, efectivamente, está cruzando los Pirineos. Apenas hay tráfico, conduce por una vía que no es principal. Es enero y el paisaje es mayormente blanco. Se describe el rostro de la joven, que ronda los 35; es morena y guapa, sintetizando, pero se llama la atención y (habrá que recrearse) sobre sus ojos y en especial su mirada. (Se pueden decir cosas como negra, en alusión al color de las pupilas, profunda, cautivadora, inteligente, etcétera; pero se dirá que, en ese momento, muestra un profundo desasosiego, una tristeza infinita, una pena honda.) Acto seguido introducimos el elemento biográfico (que se dosificará a lo largo del primer tercio de la novela, hasta completar el dibujo del personaje, que construiremos básicamente en clave biográfica, aunque sin olvidar algunas pinceladas psicológicas, pero con cuidado, pues el nicho de mercado al que nos dirigimos no soporta demasiado bien este tipo de elaboraciones. En algún momento hablaremos de una personalidad atormentada. (Lo cierto es que, sin ahondar demasiado, haremos que nuestro personaje se acerque a lo que en psiquiatría se conoce como trastorno límite de la personalidad, o TLP, que, a grandes rasgos se caracteriza por la inestabilidad emocional, la impulsividad y la dependencia afectiva.) Pero el motivo de este tormento no lo desvelaremos de inmediato, pues forma parte de la resolución de la novela. De hecho, el desenlace del relato consistirá en saber si se queda o no con el chico (obviamente se queda con el chico, y cualquier lector de novela rosa lo sabe desde la primera página) y conocer el motivo por el que ha mostrado hasta ese momento, el de la rendición total al amor puro y verdadero, verdadero rechazo por establecer una relación afectiva madura. De hecho no se le conocen novios, o no al menos una pareja estable. La protagonista viaja cada año a un pequeño pueblo francés, como si se tratara de un ritual que tiene siempre lugar en las mismas fechas. Sabremos, como digo, casi al final que la autora, en su juventud, había sido novia de una estrella nacional de cine. Esta estrella, mega estrella internacional en la actualidad, la había abandonado sin motivo aparente, porque sí, cuando ella más prendida y profundamente enamorada había estado de él. Desde entonces viene desconfiado del amor, rehuyendo cualquier relación que represente entrega y compromiso. Nuestra escritora, conmemora el abandono cada año y lo hace viajando al referido pueblo, como en esta ocasión, que conduce excesivamente rápido y en una curva demasiado cerrada no puede controlar el coche, que sale despedido por encima de la valla quitamiedos para precipitarse en un profundo barranco. La frondosidad del bosque amortigua el impacto, pero, aun así, la escritora queda mal herida. Está inconsciente. Un pequeño hilo de sangre recorre su mejilla. Afuera ha comenzado a nevar y unos débiles rayos de luz luchan contra la oscuridad que poco a poco va ganando la totalidad del espacio. Ya es noche cerrada y nuestra escritora comienza a despertar. Desconcierto, confusión. Primeros flashes del accidente. Empieza a comprender. A sentir un dolor intenso en las piernas y en el pecho. Quiere llorar y gritar, pero no se siente con fuerzas. No puede moverse. Lo ha intentado tímidamente al principio, con denuedo después, pero el esqueleto retorcido del coche se ha convertido en una cárcel de acero. Tampoco podría ir muy lejos pues tiene, aunque ella no lo sepa, las dos piernas y alguna costilla rotas. La herida de la cabeza es superficial. La sangre dejará de salir al poco rato. Derrotada, se deja vencer por el sueño, un sueño que en modo alguno será reparador. ¿Esta soñando? Le parece que alguien le acaricia una mejilla. Abre los ojos. Es de día. El rostro de un hombre hermoso la observa en silencio. En fin, un poco el rollo es éste, mucho azúcar hasta que la cosa resulte empalagosa para un paladar normal, que es cuando estará en su justo punto para un lector de literatura rosa. El hombre hermoso resulta ser un pastor. Había visto la valla quitamiedos rota (cruzaba la carretera con su rebaño) y al asomarse ve el coche. Él solo consigue sacarla (heroicidad del elemento masculino a discreción) y llevarla hasta el pueblo donde vive. La lleva a casa del médico. El médico, que será el personaje espejo, dónde la protagonista se verá reflejada, es un vejete entrañable. En el pueblo viven cuatro gatos. Todos unos vejestorios salvo el pastor, que es joven y guapo (lo podemos pintar como rubio y musculoso), pero un poco corto de luces, aunque sin llegar a ser un subnormal. En el pueblo no hay comunicaciones, viven en una especie de intemporalidad. La escritora pasa dos meses en el pueblo, hasta su total recuperación. Durante este tiempo, que a bulto pueden ser casi dos terceras partes de la novela, se dedica a hablar con el médico, con alguna otra anciana y a conocer al pastor, con quien acaba echando una serie de polvos memorables a partir de un momento dado. En el pueblo, el único que tiene un libro en casa es el médico. De hecho tiene más de uno, una habitación llena. La escritora, la primera vez que entra en esta habitación, instintivamente comienza a buscar su nombre en los lomos de los libros, hasta que, extrañada, pregunta como es que no hay ningún libro suyo. El médico le explica entonces que sólo tiene los libros que considera imprescindibles. Algunos libros de filosofía, muy pocos, para ser sinceros sólo tres; bastantes libros de medicina, con diferencia la especia más abundante; muy pocas novelas, casi todas del siglo XIX, alguna del siglo XVII y únicamente cuatro del siglo XX, entre las que sólo una de estas últimas es de un autor español, desconocido para la escritora y para la mayoría de los mortales; la biblia y un libro de derecho romano. Entonces, ¿no sabe quién soy? No. O sí, una joven accidentada que necesitaba sanar sus heridas, que no son sólo de huesos rotos. Lo que le llega muy profundo a nuestra escritora. Pero nuestra escritora, que ha sublimado su gran frustración amorosa reafirmando su persona, o mejor dicho, el personaje público que de sí ha construido, que ha dejado de escribir novelas para escribir única y descaradamente de sí, nuestra escritora, digo, que por un momento ha estado a punto de sensibilizarse ante la frase del doctor, reacciona y, como sólo ella sabe, comienza a hablar de sí misma hasta llevar al doctor a una especia de sopor narcótico que termina en siesta. Durante los siguientes días intenta que el doctor se interese por ella, por su obra, pero el esfuerzo es en vano. La escritora recuerda que en el coche siempre lleva algún ejemplar de sus libros y le pide al pastor que se le los vaya a buscar. El médico no muestra ningún interés por sus libros; sin embargo, no deja de preocuparse por su estado y por la evolución de sus heridas, lo que, no deja de contrariar a la escritora que, día a día, va dejando que anide en ella algo así como un profundo rencor hacia el vejete. La escritora veía en el doctor a un igual, o al menos un intelecto si no a su altura sí capaz de vislumbrar el suyo, y que no le haya hecho el menor caso, en tanto que escritora, lo vive como la peor de las afrentas. Rendida, dirige su atención hacia el pastor. Pero el pastor no sabe leer. Una semana entera dedica la escritora a enseñarle a leer con la ayuda de su último libro. El pastor no es que sea tonto del todo, pero no demuestra el menor interés.  Al octavo día, pasa lo inevitable. El pastor le coge el libro de entre las manos, lo cierra y acto seguido se la folla como hacía tiempo que no la follaba nadie. A pesar de la incomodidad de llevar las dos piernas escayoladas y las costillas vendadas, la escritora disfruta como pocas veces. Hasta el final de su convalecencia se repetirá esta escena (sin detenerse siempre en los detalles). Finalmente, la escritora se restablece y siente que ha llegado el momento de partir. Añora la vida de ciudad. Añora a sus grupis, que le ríen todas las gracias, las entrevistas en la tele, los coloquios en las radios. Vuelve. Vuelve a sentirse llena. Le da un subidón cuando ve que el último post que publicó en su blog tiene más de 20.000 comentarios. El éxtasis. Se corre. Son mensajes de duelo. Elogios a la escritora desaparecida. La han dado por muerta. ¿Cómo no se le ocurrió que esto podría pasar? Los siguientes  doce días los invierte en leer los comentarios, lo que le provoca múltiples y repetidos orgasmos. ¡Me quieren, claro! Al treceavo día escribe un nuevo post, que titula <em>Queridos míos, he vuelto</em>. Explica su aventura. Los comentarios no pasan de los 15000. Esto la contraría. Pero qué. Son muchísimos más de los que tenía antes. Seguro que su desaparición habrá hecho que se disparen su popularidad y las ventas de sus libros. Mañana mismo piensa en llamar a su editor. Enseguida piensa en escribir un libro sobre el accidente y su aventura en el pueblo (aunque silenciará que el doctor no tuviera un solo libro de ella, incluso piensa que este dato lo puede cambiar, que puede colocar su obra entera junto a la de Benito Pérez Galdós). Se va a dormir soñando con las entrevistas. Esto la pone y acaba masturbándose. Entonces, antes de llegar al orgasmo, le sobreviene una idea genial. Regresará al pueblo a buscar a su pastor. Le confesará su amor por él y le pedirá que venga a la ciudad con ella vivir el amor verdadero. La historia de amor de ella y su rescatador hará que las ventas de su libro se multipliquen por 100, qué digo por 100, por 200. No habrá televisión que no quiera tener a la pareja en sus platós, radio que no quiera una entrevista, revista que no quiera a la pareja en su portada. Al día siguiente llama a su agente y están dos horas hablando de la promoción del que será su próximo libro. Sí cielo, vete a por tu pastor y disfruta de ese miembro, porque tú lo vales, tú te lo mereces, tú eres especial. El pastor, que también está enamorado, acepta venirse a vivir a la ciudad con ella. Fin. (Epílogo. El libro es un éxito de ventas sin precedentes en su carrera. Se venden los derechos por una fortuna a una productora que lleva la historia al cine. La autora exige que su pastor interprete el personaje del pastor. El pastor borda el personaje y empiezan a lloverle ofertas de cine. Se convierte en una mega estrella que consigue que la escritora supere la frustración de su amor frustrado de juventud.)  </p>
<p>Recapitulando. Mi cliente me dice que sí, me ingresa los 1.500 €, le envío el informe detallado, me dice que sí a todo, y que en breve me ingresaré el otro 80% del primer 50%. Me pongo a trabajar mentalmente en la novela confiando en que el ingreso está al caer. A los diez días, recibo un mail en el que me dice que el proyecto ha quedado cancelado. Le pido explicaciones y obtengo el silencio por respuesta.</p>
<p>Tengo la sospecha de que mi cliente se ha ido con mi propuesta a la competencia (quizá buscando mejor precio). O quizá no, a lo mejor es que mi cliente ha sufrido un revés económico (igual era una constructora con ínfulas de escritora) y ha abandonado la idea para mejor momento.</p>
<p>En cualquier caso, nada me liga ya a mi cliente, de modo que, si alguien quiere aprovechar el argumento (yo por iniciativa propia ya me veo muy mayor para escribir novelas), estaré encantado. Sólo me queda decir que mediante el presente post lo libero para su buen uso y disfrute.</p>
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