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	<title>Juan Negro, Investigador Privado &#187; Novelas malas</title>
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		<title>Novelas malas que no deberían leerse jamás (III). Lo que esconde tu rostro</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Jan 2011 08:38:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novelas malas]]></category>
		<category><![CDATA[Adrés Buenafuente]]></category>
		<category><![CDATA[Clara Sánchez]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>El título promete. Recuerda ésos que le gustan a Javier Marías y es casi un plagio del de la novela de Clara Sánchez, Lo que esconde tu nombre, pero... es mala.</p>

<p>Novela mal resuelta, vaga e imprecisa. Negra con pinceladas de cosa social. Negra mate. O lo que es lo mismo [...]</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El título promete. Recuerda ésos que le gustan a Javier Marías y es casi un plagio del de la novela de Clara Sánchez, <em>Lo que esconde tu nombre,</em> pero&#8230; es mala.</p>
<p>Novela mal resuelta, vaga e imprecisa. Negra con pinceladas de cosa social. Negra mate. O lo que es lo mismo, sin ningún brillo ni gracia. A este humilde lector no le ha despertado ningún interés. En más de una ocasión he lanzado el libro al suelo desde la cama y me he puesto a dormir, o lo he cambiado por otra lectura, o he estado tentado de tirarlo a una papelera del metro, o me he imaginado quemándolo en la chimenea que no tengo junto con toda la colección de Pepe Carvalho, que qué culpa tiene el pobre, y sólo porque el desalmado que escribió la contraportada lo cita como inspiración. No engancha.</p>
<p class="prili">El doctor Andrés Buenafuente, (que ya son huevos que se llame como aquel presentador que había en TV3, al que en una ocasión, en una fiesta -una party privada- le dije en su cara -iba yo borracho- que había visto su programa y me había parecido patético) de aproximadamente 50 de años, el doctor, cirujano plástico de Madrid, separado y con una hija adolescente -datos que cito en esta reseña porque el autor, a peso, le dedica a esos elementos biográficos no menos de 50 páginas, lo que hace que piense que es importante para él, y fíjense que la novela hubiera sido casi la misma, cambiando muy pocos elementos de la trama, si el doctor hubiera sido un carpintero sin hijos-, es arrancado en mitad de la noche de los brazos de Morfeo (sic) por el maleducado comisario Partagás (y no me equivoco si digo que eso es una marca de puros y cigarrillos, lo que da una idea de lo mal para unos y bien para otros que debía de oler el tipo). Y todo porque un amigo del doctor, que como él también es un eminente cirujano plástico de Madrid, ha sido hallado muerto en un barrio de la periferia que el autor, a diferencia de otros lugares que salen en su historia, no ha debido de pisar en toda su vida, lo que deduzco porque despacha toda descripción del escenario del crimen con cuatro palabras (“barrio de la periferia”), mientras que a la zona pija donde tiene su despacho le dedica, a bulto, no menos de 15 páginas, hallado, el doctor amigo y muerto, digo, con la cara hecha un cristo. Vamos, que no sólo le han dado finiquito sino que además se han ensañado con su rostro. (Y aquí, entre paréntesis, debo decir que Buenafuente, el presentador de televisión, no el cirujano plástico, me miró durante unos segundos, tres, cuatro, cinco, en completo silencio, sin ni siquiera proferir un “ah” o un “umm”, pero mirándome como si yo no existiera, como si su mirada me traspasara, como si se estuviera preguntando si en realidad había oído algo o sólo se lo había parecido, y después siguió avanzando -porque el iba en una dirección y yo le había parado- con su copa y su cigarrillo, que recuerdo perfectamente que en una mano llevaba un pito y en la otra un cubata, deduje, que no creo que fuera una coca-cola, y yo me quedé en el mismo sitio, con mi cerveza y mi cigarrillo, que también fumaba, empezando a pensar que debía ser a mí, y no a su programa, a quien había que aplicarle el calificativo de patético.)</p>
<p class="prili">Para reconocer el cadáver de su amigo. Por eso Partagás despierta a Buenafuente. (Y aquí quedan resumidas las primeras 70 u 80 páginas de la novela. Las otras 250 ó 260 las condenso en el resto del párrafo.) Una cliente descontenta, uy, me acabo de cargar el final del pegote éste, se carga, valga la redundancia, al cirujano amigo, que por lo visto había hecho con ella un poema surrealista. La autopsia descubre que al cirujano muerto le han desfigurado el rostro con un bisturí. Esto para que se sospeche del cirujano vivo, que ésa es la intención de la clienta descontenta. Además de otras pruebas falsas que se esfuerza en dejar por ahí. Porque el vivo, alegando problemas de agenda, había enviado a la clienta al muerto. Pero Partagás es mucho Partagás y descubre el asunto en la penúltima página, dejando la última para las reflexiones finales.</p>
<p class="prili">Y digo yo, ¿el título de la novela debe de aludir a esas pequeñas cicatrices que esconden detrás de las orejas las señoras y los señores que se hacen cirugía estética, no? Dejo la pregunta abierta.</p>
<p>El argumento podría haber dado de sí en manos de un buen novelista. Y no es que el tipo escriba mal, no, si hasta se podría decir que tiene una buena sintaxis, vamos, que pone los puntos y las comas donde toca. Pero no los literarios. Y es que el autor no sabe armar una trama ni desplegar un argumentado (esto puede que lo repita en más de una reseña, pero es que pasa tanto), lo que hace que la historia resulte poco creíble, cuando no inverosímil, cuando no un cachondeo.</p>
<p class="prili">Personajes cliché construidos en clave biográfica, sin relieve alguno, y poco más.</p>
<p class="prili">La novela es la tercera del mismo autor (no quiero ni pensar cómo serán las otras dos) y la publica la misma editorial. Todavía se puede ver en mesas de novedades. Y mi recomendación es que mejor pasar de largo haciendo como que no la han visto.</p>
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		<title>Novelas malas que no deberían leerse jamás (II). La verdad oculta de la Reina Isabel II</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Dec 2010 09:03:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novelas malas]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>En resumen, estamos ante un intento fallido de novela histórica que aburre soporíferamente, de la que no ha de disfrutar ni el más entusiasta de los lectores aficionados al género. No hay trama. No hay personajes, sólo un sinnúmero de nombres y referencias históricas que, lejos de iluminar, enredan y exasperan. [...]</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En resumen, estamos ante un intento fallido de novela histórica que aburre soporíferamente, de la que no ha de disfrutar ni el más entusiasta de los lectores aficionados al género. No hay trama. No hay personajes, sólo un sinnúmero de nombres y referencias históricas que, lejos de iluminar, enredan y exasperan.</p>
<p class="prili">Al narrador le llega un legajo familiar, las memorias de su bisabuelo, y (en mala hora) decide publicarlo. (De lo contrario el autor hubiera tenido la gracia de la brevedad.)</p>
<p class="prili">El cuerpo de la novela, pues, está constituido por el relato del militar liberal Alfonso Días de Espinazo (1848-1921), quien se propone desvelar (y lo hace, aunque con poco tino) un secreto relacionado con la familia real que, según dice, podría haber ahorrado guerras de sucesión dinástica.</p>
<p class="prili">En 1816, hallándose lejos de la capital del reino, una revolución derroca a Isabel II. Existen, nos dice el narrador, dos explicaciones oficiales de por qué se exilia en Francia en vez de intentar su regreso a Madrid. La del sabotaje, que mantiene que la reina no vuelve porque las comunicaciones fueron cortadas a tal efecto, y la de su amor a Morfori, según la cual la reina no retorna por no perjudicar a su amante. Días de Espinazo, sin embargo, ofrece una tercera interpretación de los hechos.</p>
<p class="prili">Circunstancias de orden biográfico (la muerte de los padres, el tutelaje de un tío cortesano), hacen que desde temprana edad Días de Espinazo viva en la corte y que pronto se gane la confianza de la reina y la amistad de los infantes, lo que le hace ser testigo directo de todas las intrigas que rodean la vida de la familia.</p>
<p class="prili">La reina se había casado con Francisco de Asís por obligación y desde el primer momento habían pasado por su lecho una sucesión de amantes. Hubo sin embargo uno especial, Puigmoltó, de quien se rumoreaba que podría ser el padre del infante Alfonso.</p>
<p class="prili">Isabel había mantenido con el mencionado amante amplia correspondencia durante el periodo de su amorío, cartas que éste había guardado y que posteriormente son robadas. Se le encarga a él mismo y a Días de Espinazo que sean recuperadas. Son estas cartas la verdadera razón por la que la reina había abandonado España, víctima del chantaje, pues en ella se confirma que Puigmoltó es el padre del infante Alfonso, príncipe de Asturias. Verdad oculta (sic) que explica el hecho histórico del exilio de la reina.</p>
<p class="prili">A primera vista parecería que el lector se halle ante una novela histórica, pero enseguida uno se pregunta si no es más un ensayo histórico (un mal ensayo) apenas novelado.</p>
<p class="prili">En cualquier caso, como novela no funciona. El texto aburre. No despierta el menor interés. No arroja luz sobre nada.</p>
<p class="prili">Se trata de un relato disperso, deslavazado, con un exceso de ítems de información histórica o pseudo-histórica difíciles de conectar en un todo coherente, un vomitado. Dudo mucho que el lector que no conozca previamente la historia de ese periodo saque algo en limpio.</p>
<p class="prili">El texto presenta un sin fin de intrigas en las que no se profundiza, que sólo se mencionan o enumeran y que, en vez de ayudar al lector a formarse una idea más precisa, o rica, o meramente introductoria, o de conjunto, de ese periodo histórico, generan un fenómeno de ruido que dificultan cualquier comprensión cabal.</p>
<p class="prili">No hay novela. No hay personajes (solo nombres), no hay una trama que se despliegue, que se construya, que se resuelva.	No hay pericia literaria. Ninguno. Este lector no ha encontrado ningún elemento que le invite a recomendar la novela.</p>
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		<title>Novelas malas que no deberían leerse jamás (I) El destino</title>
		<link>http://www.juannegro.es/2010/11/novelas-malas-que-no-deberian-leerse-jamas-i-el-destino/</link>
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		<pubDate>Mon, 08 Nov 2010 09:47:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Juan Negro</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novelas malas]]></category>
		<category><![CDATA[Nada recomendable]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>El tema podría dar juego en manos de un escritor. Mujer madura, acomodada, o mejor, aburguesada, que decide dejar de vivir en esa displicencia y apostar por un amor de juventud. Pero no hay ninguna pericia literaria en el autor. La novela es la repetición sin variaciones de una misma escena. Es mala, aburre. [...]</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El tema podría dar juego en manos de un escritor. Mujer madura, acomodada, o mejor, aburguesada, que decide dejar de vivir en esa displicencia y apostar por un amor de juventud. Pero no hay ninguna pericia literaria en el autor. La novela es la repetición sin variaciones de una misma escena. Es mala, aburre.</p>
<p style="padding-top:15px">Después de treinta y cuatro años sin haberse visto, la narradora, Maite, se encuentra con un viejo novio, Alberto. Tras una conversación amable y al uso, deciden volver a verse para recordar, sin prisas, los viejos tiempos.</p>
<p class="prili">Tiene lugar la cita. Maite es una mujer entrada en la cincuentena, de profundas convicciones religiosas, madre de familia y esposa fiel y realizada, o al menos eso es lo que ella se cree. Vive en una ciudad pequeña, de provincias. Alberto sigue manteniendo el mismo aire de galán seductor que le recuerda de joven y le da por imaginarle un sinnúmero de aventuras extra-conyugales.</p>
<p class="prili">En Maite renace un sentimiento muy especial por su antiguo novio, y le propone mantener una relación especial. No le está hablando de dejar a sus respectivas parejas, ni tampoco de intercambios sexuales más o menos espaciados, no, no, no es eso, sino de algo mucho más elevado, como más espiritual, una especie de isla privada dentro de su espacio cotidiano. (Más burdamente: café descafeinado, tabaco light, cerveza sin alcohol, ser infieles pero sin follar.) Sin embargo, Alberto no acepta la propuesta de Maite. (No porque él sí quiera follar sino porque es mucho más mojigato que ella.)</p>
<p class="prili">Se suceden los encuentros, más o menos fortuitos, más o menos propiciados por Maite, a lo largo de los años (sí, sí, de los años), y se reproduce la misma escena: Ella propone, él rechaza. A él le tiene atado en corto su mujer, dice, y le preocupa mucho la idea de que la madre de sus hijos se entere de algo. (Vamos, que no es que no le apetezca, sino que no quiere problemas.)</p>
<p class="prili">La narradora entre cita y cita, nos cuela su biografía, a modo de entreactos. (La muerte de su madre, la muerte de su mejor amiga, la muerte de su perro y hasta de un vecino, recuerdos de un novio anterior a Alberto, escenas de la vida familiar; en fin, para echarse a llorar.)</p>
<p class="prili">Pero Maite no se da por vencida, cada vez está más enganchada de la idea del romance, y, finalmente, consigue que Alberto venza su resistencia y se entregue al amor verdadero. Sí, sí, triunfo del amor. Deciden huir lejos de todo y de todos.</p>
<p style="padding-top:15px">El tema es malo, pero un escritor con tablas podría haber sacado una novela pasable y hasta potable, al menos para los lectores a los que les va el royo. De hecho, las hay, buenas, en nuestra literatura con tema idéntico o parecido. Mujer madura, acomodada, etcétera, que se pregunta y ahora qué.</p>
<p class="prili">La elaboración de ese conflicto, con sus ramificaciones éticas, podría, repito, dar juego en manos de un escritor. El problema es que el autor aquí reseñado no lo es. Se ve a las claras que le falta mucho camino por recorrer para llegar a ser un novelista. Tiene algo, y es que escribe, vamos, que ha sido capaz de llenar casi trescientas páginas. El mérito está ahí. Pero en la escuela de escritores a la que pudiera haber asistido tendrían que habérselo quitado de la cabeza, o algún amigo, o algún editor con criterio.</p>
<p class="prili">La novela es un chicle (no cliché, que también) estirado, la repetición sin variaciones (qué cansino, qué tedioso) de una misma escena: el encuentro fortuito de los dos protagonistas, la recurrente propuesta de Maite y la iterada negativa de Alberto. Nada más. Los personajes no resultan creíbles, no se ha sabido construirlos.</p>
<p class="prili">Total que algo tan cotidiano como lo que se cuenta en esta novela resulta de lo más inverosímil. Justamente lo contrario de lo que ha de ser la literatura. Hacer pasar por verosímil lo que no necesariamente ha de ser cierto o verdadero.</p>
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